23.3.12

23 de marzo,

Mi hijo, el más pequeño, tiene ese encanto que sólo tienen los niños de su edad. Nada se compara a su sonrisa, al pequeño gesto de alzar el brazo y dibujar un garabateado adiós. Me levanto por un quejido que a través del aparato suena como un grito, en el mejor de los casos. Observo su rostro, y no dejo de sentir un cosquilleo en lo hondo del estómago. Plácido, hecho un lulo entre la revoltura de las sábanas , descansa mientras yo me juego el minuto que queda para dormir. Salgo de su pieza y vuelvo a entrar tantas veces considero necesario, o más bien, hasta que ese "que se yó" me empuja con la obsesión propia del que no quiere abandonar, para ver si de verdad las molestias del resfrío se han ido. Le canto en un silencio que es solo nuestro y también fue de mis otros niños, años atrás, cuando en otras piezas recitaba de memoria inventos que rimaban con nube, polilla, jacarandá. Más allá de nuestro patio, la ciudad se levanta en madrugada, las luces de algunos vecinos iluminan un mapa aún confuso. Duermo.

2 Comments:

Blogger Frank H. said...

hermoso. y ese sentimiento se queda para siempre. con intereses.

25/3/12 13:02  
Blogger Elena said...

el mío tiene 10 pero aún le invento canciones estúpidas, aún bautizo con nombres medios gerigoncios para todo su cuerpo.

Le hablo como si fuera su mascota.

Nos conmueven las mismas cosas.
Dice: quien será el pobre hijo de esta señora, pero se ríe con la risa de pulgoso cada vez que entramos en aquella complicidad.

+Saludos+

Por cierto... volviste!!!!!!!!! qué bien!!!!!!!!

27/3/12 10:46  

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