3.11.10

Leer a Cheever

Leer a Cheever ha sido una iluminación. Perderse en las páginas de "Diarios" es adentrarse en cada rincón de lo que guardamos con esa sutileza de la mundana pequeñez. El trayecto a casa, la ida al boliche de la esquina, la espera en el cine o por los niños que salgan del colegio. La extraña grandeza, la rara belleza de lo de siempre. Ese andar por ahí y darse de golpe con las imagenes guardadas ha sido una alegría que viene a sumarse a todo lo demás. Leer a Cheever cuando esperas que pronuncien tu nombre en una salita de espera llena de gente, extraños por naturaleza, cada uno en su sitial de lejana perspectiva, la inquietud del llamado, la espera, el tiempo en virtud de nuestros ojos. Leer y reconocerse en otras letras, en otro tiempo y en otro sexo, un Orlando cualquiera, un viajero, un terrorista del espacio, un plagiador de calendario... Está nublado y la mañana posee esa libertad de la que a ratos se extraña tanto. Escribimos con amor y en desorden, con un sentimentalismo épico, caemos en máxima redención por mínimos detalles y leemos otra vez, y otra vez, en todas las cosas, en todos los paisajes.

3 Comments:

Blogger Elena said...

Nunca he leído a Cheever...

Pero es fantástico inclinarse mirar en un espejo de agua nítido... reencontrarse sin que el mundo se 'dentenga' más bien cuando todo y todos siguen su curso.

Saludos señorita C.
La casualidad de encontrarme en su casa con este texto recién salido de vuestro horno...

4/11/10 18:02  
Blogger metileno said...

Cheever es el estados unidos que uno imaginó de niño, casi en blanco y negro, tardes de cine.

11/11/10 10:49  
Blogger Magda de vuelta said...

He de enterarme alguna vez cómo escribe Cheever, pero si sé que pucha que escribe lindo ud. Saludos

2/12/10 21:48  

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