2.7.07

Viajes

Image Hosted by ImageShack.us

Recuerdo tan bien a esa mujer como si ahora mismo apareciera por la puerta. Se subió una estación después de Once. Yo acariciaba mi boleto de cartón, de vez en cuando lo giraba y repasaba sus costados enterrándome las esquinas en las yemas de los dedos. La mujer se me quedó grabada al instante. Al entrar al pasillo ni siquiera me miró, sólo observó la banca del frente desocupada y tomó asiento. Murmuró un "permiso" débil, dicho para adentro, como si sólo a ella le bastara escucharlo. De inmediato giró la cabeza hacia la ventanilla. Las estaciones se sucedieron una tras otra y no podía dejar de observarla. Era una mujer marcada por la tristeza y el abandono. Tenía los ojos enrojecidos como si hubiera llorado. Cada cierto rato se quedaba mirando hacia la nada y me pareció sentir un frío atravesándome cuando sin querer pasaba su vista sobre mi cara. Hubiera deseado ver mi rostro en ese momento, ¿qué expresión tendría?, esperaba no demostrar nada, no quería que la mujer advirtiera que me producía algo su presencia, aunque ya era tarde, más bien inevitable. Ahora, era la sala de espera de un médico y el boleto de cartón, la protuberancia que ha crecido en medio de mi cuello. La toco con temor y a ratos dejo los dedos allí, casi asegurándome que esa parte es tan mía como mis propias manos u ojos. Siento frío a pesar de la calefacción, a pesar de la mirada benefactora de una mujer mayor sentada en el otro extremo. Cierro los ojos y me dejo caer sobre el respaldo del incómodo sofá, e imagino que voy en el tren, que las estaciones me conducen hasta ese barrio en Buenos Aires cuando tenía 15 y todo estaba hacia adelante, todo el tiempo caía como un rayo de sol, perpendicular sobre mi cabeza, amarillo y cálido. Atravieso la Avenida San Martín y siento el calor un agradable peso sobre la espalda, hasta que dicen mi nombre, desde lejos, me llaman, igualmente fuera una niña y me desprendieran de la mano de mi madre, cruzo un umbral del que nada sé, al que temo desde antes de nombrarlo.

4 Comments:

Blogger Tanino said...

El encanto de los trenes es que los asientos se enfrentan y puedes mirar a la gente, por eso los prefiero a los buses. Uno también se expone sin saberlo.
que estés bien, me encanta tu escritura.
Giuseppe Tanino

4/7/07 08:51  
Blogger nadie said...

cuanta nostalgia cuando sentimos miedo, mientras lo desconocido avanza más quiere uno aferrarse a la madre, al rayo de sol

precioso encuentro ce

5/7/07 14:36  
Blogger javisanfeliu said...

¿cuándo publica, mi estimada C.? ¡Cuándo un libro de esos que uno abre y los huele antes de leer?

8/7/07 02:04  
Blogger Magda de los devastados said...

Me dejó erizados los pelos...ay.

8/7/07 22:27  

Publicar un comentario

<< Home