2.5.07

Acróbata

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Sin sábanas
sin un colchón
Duerme tranquilo cono un lirón
Seco el corazón
Olor a gas, Los Tres

Julio está junto a la cama. Acaba de llegar. Su mujer duerme plácida, vuelta hacia un costado. Un pie desnudo asoma por entre las sábanas. La habitación está a oscuras y una tenue luz entra por el ventanal. Julio recorre la figura de su mujer, sin detenerse en ningún detalle. La va descubriendo con la mirada, pero no encuentra lo que busca. Esta noche no, murmura, como lo venía haciendo mientras viajaba por la autopista . La música fuerte, el vidrio abajo. Ningún aire frío lograría sacarle de la cabeza a esa mujer, esa que tenía atorada en la garganta. Ojalá y pudiera gritarlo. Extirparlo de una vez. Uno de los niños se despierta. Julio sube hasta la habitación infantil. Shh, shh, dice, mientras le pasa los dedos por el pelo con ternura. Se consuela a sí mismo a través de la caricia. El niño se queda dormido nuevamente. Julio arregla la ropa de cama y permanece bajo el umbral. Se figura una sombra más, proyectándose sobre la pared. Siente miedo. Por primera vez siente mucho miedo. Y si la perdiera. ¿Y si los perdiera?. No , eso no podría suceder. Junta la puerta y baja muy despacio. Se desviste y entra en la cama fría. Es un témpano que le va helando la piel y la cabeza. Recupera el aire que le cortaba la respiración , apenas hace unas cuántas horas. Mariana, la mujer del nombre que abarca su garganta, sentada frente a él, describiendo a duras penas lo que siente, por “ese cuerpo flaco tuyo que hace perder el sentido del volúmen, del espacio”. Él no hablaba, apenas podía mirarla a los ojos y sonreir, los labios resecos y las manos sudándole , una sobre otra. A ratos toma la carta y ojea el menú, bebe algo de vino. Tal vez, quién sabe si el alcohol logre sacarle alguna palabra que no hiera, que no haga sufrir. Mientras ella está ahí, enfrente de sus ojos, Julio piensa en el cuerpo que, a pocos kilómetros, se desliza envuelta en una bata, acuesta niños, bebe un vaso de agua antes de irse a acostar. Una chinita cae sobre la mesa. Mariana advierte tal cosa y se sorprende. El mozo, dándose cuenta hace el gesto de sacarla , pero Julio le pide que la deje. Para la suerte, comenta. Ambos se quedan observando al colorido insecto como dos niños en medio de un jardín. Un asombro ingenuo traído de vuelta, urgente y necesario. El artrópodo, al cabo de un rato da una vuelta de carnero, intentando sacar las alas.

5 Comments:

Blogger Mónica Valentina said...

Me gustó el vuelco de tu texto.
Mónica Valentina

2/5/07 20:25  
Blogger Rodrigo D. said...

woow esta buenisimo, me encanto el relato
pasare ams seguido por este blog

3/5/07 00:55  
Blogger nadie said...

Que tristeza, para todos. Hemos sido mariana y la mujer besando a los niños, hemos sido el sudor frío de él.
Me encantan tus textos.

(y gracias por el dulce verso, como una caricia, de verdad)

3/5/07 07:25  
Blogger $ickboy said...

mariana es de las que no creen en la suerte de las chinitas y los grillos, de los gatos negos y blancos?

3/5/07 23:55  
Blogger Mauricio Fredes said...

Saludos desde acá, como anda la vida...m.

6/5/07 20:07  

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