19.1.07

soy tu silencio y tu tiempo

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Corríamos por la playa, mis hermanos y yo, las toallas amarradas al cuello. Tres super héroes, vestidos en trajes de baño, correteando gaviotas, saltando dunas, planetas o estrellas a punto de explotar. Un miedo desconocido, aterrador por las noches, el cielo se nos venía encima, cuando, en la terraza de madera descolgábamos las piernas y los ojos no dejaban de asombrarse por los dibujos, ese mar revuelto hecho de estrellas. Abajo, los adultos se movían en sombras y se mezclaban con los árboles. Adivinábamos las voces, las risas, hasta que un espeso oleaje los silenciaba y ya no era más que el mar haciendo esa canción que se metía muy adentro, sin detenerse hasta el amanecer. Pum Pum, un picoteo de aves en la mañana nos sacaba de la cama, nos conducía hasta el camino de los eucaliptos, al pozo de agua con las ranas. Pestañear. Un libro cae, un hombre está sentado frente a mi, tiene esos ojos que atraviesan, otra vez esos ojos, esa sombra que parece mecerse y en realidad está tan quieto en el sillón del hospital, mientras una bolsa de sangre cuelga de un lado. -Te sentirás mejor- me escucho decir. Más oxígeno. -El ánima va a arribarte nuevamente- Dices, dices. Las ranas en el pozo son pequeñas, es fácil atraparlas y caben perfecto en el bolsillo del short. Son las 10 de la mañana y nuestro padre viene de vuelta de la playa, 15 cuadras diarias, un libro bajo el brazo. ¿Qué día es?. No es ninguno, sólo es otro día amarillo, un día con arena entre los pies, ampollas en la espalda y ranas y conchitas en los bolsillos. Lees para no pensar en cada gota que cae y en su espesura, remediando lo irremediable, un consuelo que me hace asentir con la cabeza. Es que todo estará bien mañana. Va anocher y tomarás el libro, recordando el mar acercándose cuando caminabas esas maravillosas cuadras y tus hijos te esperaban con los bolsillos empapados de bichos, los pies siempre llenos de arena, cómo es que no pueden sacudirse la arena....y para qué tantas conchitas y palitos....Lees, un reloj de pared apunta la memoria y yo te observo, la orilla de nuestra playa a un costado, la espuma bañándonos los pies, una canción a veces silenciosa que sólo nosotros aprendimos.

7 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Tú sabes, los libros no son lo que parecen, en el libro abierto gira un vórtice capaz de tragarse el mundo, en el libro cerrado respira un león dormido, en el libro que cae hay un derrumbe, un acarreo de rocas y de muebles y paredes y cuadros, como un despertar de un sueño que se borra de inmediato, una existencia suspendida.

Pestañear.

*****

El otro día caminaba de la cocina al dormitorio, y tropecé con un libro tirado en el piso. El café que llevaba en la mano nunca terminó de caer (...) Mi padre hojea un libro sentado en una roca, con la vastedad de la cordillera de los andes ante sí, nadie más en cientos de kilómetros a la redonda. Nadie excepto yo, oculto tras la palabra saltaban, al inicio de la página 8.

19/1/07 16:36  
Blogger m said...

es raro esto, dos sitios revisados, los dos hablan de gaviotas, unas en la cabeza y la otras en el recuerdo de tres loquitos corriendo traz ellas, saludos admirados

fuerza

19/1/07 21:23  
Blogger Vitorio Gasman said...

saludos
i´m still alive

20/1/07 19:06  
Blogger apuntes de taller said...

Comparto la aficion por las conchitas y palitos... y piedras ...

Paulina

22/1/07 02:49  
Anonymous Anónimo said...

toda esa genealogía fragmentada, igual que la arena que ya se cae de puro seca que está, tanta nostalgia que nos rebalsa, no?

22/1/07 18:28  
Anonymous Anónimo said...

qué linda forma de ponerlo, C.
si es literatura -estoy siendo ingenuo-, pues mira qué coincidencia, que estoy viviendo lo que dices; si no lo es, pues mira qué coincidencia, cómo la vida nos va pillando en escenas arquetípicas.
Fuerza.
Bueno, y literatura.

24/1/07 11:06  
Blogger Elena said...

Ay!

Esos pasitos, esos hilitos tejidos con 'otros', con nosotros' que son nuestros y luego no sabemos...
y las sonrisas a lo lejos, vigiladas sin dudas. Así los días,
imperturbables, el compartir una especie de ceremonia que va por el pecho silenciosa (por donde se le mire) y que los demás ni sospechan...
Y luego los ojos nublados, y las manos más temblorosas y la piel arrugada y el corazón también un poco, y de las risas los ecos
))))
Cariños, señorita.

26/1/07 17:14  

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