12.12.06

Estación

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Sumida en un trance, la sigo. No sé quien es y menos hacia dónde se dirige, pero hace un buen rato voy detrás de ella. Yo esperaba en la estación Blanco del metro, a un lado de Avenida Recoleta. Me había costado sumergirme en la estación. En esos días andaba con “la crisis del agujero”. Así lo llamo, al pánico feroz que me produce ingresar a cualquier construcción bajo el nivel del suelo. Cuando me pongo así no hay caso. No puedo meterme debajo de la tierra, quedan excluídos por varios días, estacionamientos, zócalos, subterráneos. El sicólogo no dice nada porque no hay tal sicólogo aunque todos en la oficina creen que sí existe uno. Eso los tranquiliza y no hacen preguntas, “estoy bajo control”. Ese día la crisis hizo un poco agua sobre sí misma, y puse , no sé bien cómo, un pie en la escalera que descendía hasta la estación. De a poco fui internándome en el sopor, en la espesa neblina de las bocas que emergían de aquel agujero negro. Un sólo aliento me iba envolviendo, y caía rendida sin oponer la menor resistencia. Me entregaba y descendía, paso a paso, sin percatarme de los escalones ni la pendiente, hacía caso omiso al temor de caer y estrellarme sobre las relucientes baldosas. Por las piernas subían las manos y a veces los dientes de los que más allá, aguardaban el vértigo del carro. La mujer estaba parada junto a la línea amarilla de seguridad. Desde que conozco el metro le he temido a esa línea. Algunas veces ni siquiera puedo mirarla con fijeza, la evito, como si evitara la propia muerte. Me senté muy cerca de la mujer y la observé, sin ningún disimulo. Llevaba un vestido negro de alguna tela muy suave, que se mecía con el pobrísimo aire en circulación. Tenía las manos en los bolsillos y no dejaba de mirar al interior de las vías. “Se va a matar”, pensé. Sin embargo, no iba a quitarse la vida. Sólo estaba allí, deleitándose con el escaso aire revolviéndole las rodillas y la agobiante posibilidad de ir y caer, el éxtasis de perderlo todo y no sentir nunca más nada. Yo admiraba su perfil. Tenía una amplia frente enmarcada por un pelo castaño que caía en desorden, como si no se hubiera peinado. Retrocedió un paso cuando sintió venir la máquina. Me levanté y me acerqué a ella. Tomé su mano sin decir palabra. El rugir se nos vino encima con todo su poderío, arrollándonos. Acaricié sus dedos entre los míos, ella hizo lo mismo. Con su pulgar recorrió toda mi palma, así también mi cuerpo entero. Abrazó mis piernas, besó el nacimiento de mis hombros. Descorrió mi pelo como si este fuera una cortina que cubría, hacía mucho tiempo, algún tesoro olvidado. Entreabrí los labios para pronunciar su nombre y dejarlo en el espacio que nos rodeaba, vibrando, igual le arrancara un sonido dulce a un metal pesado. Los apreté entonces, porque esa palabra me era desconocida y de alguna manera sentía que siempre lo iba a ser. El tiempo que el tren pasó junto a nosotras, me miró fijo, sin abrir los ojos. Al cabo de una hora abandonó la estación sin siquiera poner un pie en alguno de los carros. La sigo ahora ,y no pienso hablarle. No pienso decirle que voy tras sus pasos, igualmente me siguiera a mí misma. Sólo voy tras ella, sólo la voy mirando, mientras el deseo se agazapa en nuestro costado y nos va meciendo, como un tierno consuelo, desde lejos.

19 Comments:

Anonymous Anónimo said...

A veces me encuentro con la necesidad imperiosa de subir alto... un edificio... el cerro quizás, pero mas me gusta mirar el vació, las hormigas diminutas que caminan a mi lado. A veces miro desde las alturas... me llevo una PIC del momento... a veces me acerco demasiado... ya escribiré al respecto...

Saludos... no se como llegue acá, me gusto y pasare luego si me recuerdas...

12/12/06 19:38  
Blogger mademoiselle_x said...

VERTIGO!...

mirar mientras el deseo nos consume....

12/12/06 19:58  
Blogger la-pollo said...

Excelente relato. Aplauso.
Yo siento el mismo pánico mirando la línea amarilla del andén del metro. Horror. Mi hijo disfruta parándose ahí y mirando el riel. Y tiene 8 años. Yo muero por dentro cuando lo veo. Pero trato de no traspasarle el miedo que siento.
Felicitaciones por lo bien que escribes.

13/12/06 18:40  
Blogger nadie said...

hay un vértigo existencial con el que tenemos que convivir...tus letras de nuevo,

abrazo

13/12/06 19:28  
Blogger Cpunto said...

vas por independencia y no te tragas esa forma de decirle adiós con ese beso que no te puedes quitar de la boca, prque todo el mundo (y en realidad no hay nadie) está observando....entonces, giras en plaza chacabuco y te devuelves, lo llamas y le dices que no puedes irte así, que es esa urgencia y te pierdes en su boca, y es como renacer un poco e irse en paz, a casa,

13/12/06 23:18  
Anonymous Anónimo said...

Ese jueguito de traducir el lenguaje de la piel, de pollo y con hormonas, en veloces y eficaces golpes de teclas, códigos binarios y puntitos apagados en el monitor. Y el metro, dios nos libre de tamaña sopa humana y metálica, ese pulmón estancado que atraviesa la célula de la casa al trabajo y del trabajo a la casa...

14/12/06 02:23  
Anonymous Anónimo said...

tenebroso límite ese de la línea amarilla.

14/12/06 16:40  
Blogger s.astorga said...

Inquietante, como siempre....¿y el café cuando?

14/12/06 23:20  
Anonymous Anónimo said...

Me siento en esos pequeños sillines anaranjados que casi no tienen respaldo y leo por cerca de una hora sin levantar la mirada, en mis manos sostengo la boca de ese otro túnel por el que caigo en remolino; en esa oscuridad todas las palabras son los distintos sonidos del mismo nombre que unos labios soltaron en el andén. La gente sube y baja y se pierde y ahí está de nuevo, pero sólo el aire se mueve

15/12/06 11:48  
Anonymous Anónimo said...

Me deja intrigado... pero me gusta. :-)

15/12/06 15:38  
Blogger Vitorio Gasman said...

Introspección. La ruta para transformarse en un fluido corporal.
Situación límite aquella, con la que a través del ambiente, logras pentrarte y malear los intrigantes anhelos que nos recorren.
au revoir

17/12/06 14:26  
Blogger Magda de los devastados said...

Memorable su relato, me voy llena de sensaciones, de preguntas, me voy siguiéndola y no. Cariños.

17/12/06 18:32  
Anonymous Anónimo said...

qué bueno, pero qué bueno!
me gusta tanto ese lenguaje que maneja.
UN besazo señorita C

18/12/06 15:30  
Blogger mariasoleda said...

buen texto, un poco agobiante la sensación, no?

20/12/06 07:09  
Blogger nadie said...

mi queridísima te mando un abrazo enorme también, muy feliz navidad y esos susurros que nos habitan saliendo del todo a ver la luz

besos

20/12/06 10:33  
Anonymous Anónimo said...

Te dedico esta canción mala pero sincera (que como podrás ver funcionaría mejor en la tradición oral), considérala un regalito debajo del árbol:

"Tengo

Am
Bre
y

de tu
A
B
C

punto"

(desde el 12 que no posteas...)

Felices fiestas (o se dice Fiestas, así con mayúscula?)

20/12/06 17:35  
Blogger Cpunto said...

está más linda que no sé qué,
beso pa usté
y fiesta feliz y muchas,

20/12/06 20:10  
Blogger IVAN said...

Señorita CPunto, que le mando un beso desde Barcelona...y buenos deseos para estas Navidades.

21/12/06 09:47  
Blogger Cuervo said...

Interesante la construcción de la escritura en bloque.

Seguir desconocidos en el metro parece turismo aventura. Pero ciertamente persiste la duda; ¿seguimos o nos siguen?, ¿seguimos a otros o a nosotros mismos?

Particular relato, aplausos

21/12/06 12:46  

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