18.2.05

Liviandades

Image Hosted by ImageShack.usTomo un libro que descansa sobre el velador. Pero no leo, sólo lo tomo entre las manos y lo acaricio, como si en este gesto las letras ahí dispuestas se compadecieran de mí, y en un acto de mágica benevolencia, me transmitieran sus mensajes descifrados. Todo descansa sobre un par de nubes que como esponjas absorben el tiempo quieto que se desliza sobre las paredes. Pobre incauta, he de dejar que aquel insecto se pose sobre mi mano. Cierro los ojos, la levedad continúa, el mundo afuera sobrevive, sempiterno.

12 Comments:

Blogger m. said...

los libros, a veces, susurran apenas si les pasas el dedo por el lomo, y se les arranca un gemido cuando hundes la nariz entre las páginas para reconocerlos por el olor, como se reconce a los niños o las mujeres...

18/2/05 12:25  
Anonymous unsologato said...

Existe un libro donde hemos escrito nuestros nombres equivocados, cuando no seamos más que arena en la última página de otro libro que nunca encontraremos en la infinita biblioteca de las desapariciones, ni en el sueño del insecto abecedario.
Abrazoceánico!!!

18/2/05 12:49  
Anonymous Nadia said...

Me has transmitido... placidez. He realizado idéntico gesto, acariciar un libro... deseando internalizar automáticamente su contenido, y recién ahí proceder a una segunda y saboreada lectura. Cedo a mis limitaciones, y leo nada más como leemos los humanos.
Un agrado leerte de vuelta.

18/2/05 16:19  
Blogger Roberto said...

Me gustaría saber cuál libro es.
Y si se duerme sobre tí, mientras el mundo sobrevive allá afuera.

18/2/05 20:14  
Blogger Ángel mutante said...

En ese libro que tu mano acariciaba encontré la siguiente instrucción: "Ängel oscuro, agrega estas excavaciones a tus alas quebradas". Y así lo hice. Espero no contaminar tus aguas ni traerte mala fama.
Saludo oscuro.

19/2/05 00:00  
Blogger frank said...

Y el libro acecha haciéndose el dormido encima del velador. Ha estado allí incontables papirólagos (los humanos contamos el tiempo en horas, los libros en papirólagos), esperando por el toque de la diosa que lo reviva.
Sabe el libro de la rana que besada por el príncipe regresó a ser princesa y espera, con el corazón tenso, que la diosa de la cama lo toque, lo roce con sus yemas tibias para que el encantamiento se diluya como veneno de alacrán y él se libere de su encierro de papel.
Pasan más papirólagos interminables.
De pronto, un ave de cinco alas cruza el cielo del dormitorio - la mano de la diosa.
Planea y se posa en la tapa.
Entonces,
una minúscula lluvia de electrones riega su espíritu y el libro se despliega en totalidad. Se abre como flor al sol. Se tensa como volantín al viento y

cuando la diosa lo abre en dos

escapa de él el príncipe pluma
el Señor de los Sueños
Sandman
el Amo de las Ideas
y se apodera de la habitación
respira su luz y se traga los pensamientos de la diosa de la cama

Ésta le regala el postre
un suspiro
de su adorable pecho

19/2/05 02:30  
Blogger Cpunto said...

El libro a veces adquiere forma humana, es verdad. Cuando lo tomo me toma. Me abraza ahì en los lìmites de sus hojas, las letras comienzan a correrse a desplomarse por los bordes y caen sobre mi piel dibujando huellas, tatuajes de roces, de un tacto firme que busca la mano que los sostiene. Y lo sostengo con la boca y los ojos, y mi pelo lo cubre entero y a ratos se me pierde, pero aparece siempre, como en un juego de magias, de letras, de historias olvidadas

sus letras me son enormemente gratas, gracias a todos!

19/2/05 03:26  
Blogger Kika said...

Cada libro, como cada manzana, se siente diferente. Me gusta además olerlos, abanicar con el pulgar las hojas y que el aire me haga entrecerrarlosojos. Es como cada amante, con aroma propio; afodisíaco perfume de tinta y papel.

19/2/05 13:11  
Blogger Magda de los devastados said...

Los libros no sólo susurran, sino que conversan entre ellos, a veces un personaje se cansa de su historia y da un salto hacia algún otro guión, cuando cae en un poema se divierte riendo o llorando, pero no siempre la suerte lo acompaña, en más de una historia sale mal herido y termina arrastrándose hasta retornar a sus páginas de origen, allí C. lo abraza y posiblemente lo deja preparado para una nueva aventura...

19/2/05 22:35  
Blogger Hans - El Ratón de Biblioteca said...

Cuando leemos, el autor nos habla a través de nuestros ojos. Cuando acariciamos el libro, nos habla a través de un lenguaje enigmático y mágico, donde el contacto con el libros es el preámbulo de una probable aventura. Algunas veces, pocas es cierto, es como si hubiéramos encontrado la lámpara de Aladino y dentro existiera un genio capaz de cumplir algunos de nuestros deseos más ocultos. Por ello, no tengan miedo: froten, froten con fervor, que a lo mejor será un viaje imborrable.

El Ratón de Biblioteca

19/2/05 23:47  
Blogger Alvaro Magaña Tabilo said...

Es más fuerte que yo. No le llevo fetichismo por los libros. Si una dosis de consumismo libresco, me gusta tenerlos. Una vez que se leen y se te pegan en el seso pasan cosas. Recuerdo, entre esas cosas que pasan, el olor de un libro de O'Henry, que era como una montaña de frutos secos, nueces o avellanas humedecidas. O ese libro, que el tiempo terminó desperdigando, con ilustraciones de la novela de Miguel Cané, "Juvenilia" que leí de chico con música de Jethro Tull de fondo, cuyo olor indescriptible podría reconocerlo en cuaquier lado. Otro libro con olor a viejo y a casa de tía cuyas hojas deben haberse vuelto polvo era una edición amarillenta de un libro olvidado de Luis Durand, y que lo encontré en PDF en http://www.memoriachilena.cl/ , cuyo aroma a polvo todavía es leerlo en Ñuñoa mirando la cordillera morada en un mes de julio

21/2/05 11:18  
Blogger metileno said...

sí, duele, dulce dolor de pájaros en la guata...pucha

28/12/05 13:12  

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