21.5.08

Agua


En Brizna nunca había llovido. Por eso, cuando esa madrugada sentimos el ruido sobre el techo, no dudamos en salir. El agua caía del cielo como escupida por una gran boca, o como dijo una anciana parada en medio de la calle, “el cielo lloraba por nuestra desgracia”. La miré. La lluvia le corría por el cuerpo, mojándole los trapos que llevaba por vestidos. Con esfuerzo logré levantar la cabeza y mirar hacia arriba. El cielo era un gran fondo de agua gris, teñido de manchas negras y azules.
Llovía sobre la amarilla tierra de Brizna. Todas las cosas que había visto antes eran una sola, ahora encerradas en la misma palabra del olvido.


para m. y su ventana, donde se escucha el mar,

1.5.08

En el lecho verde de tus ríos


Me entibio al adormecer de la tarde
cuando las lluvias mecen los árboles
me sueño en el lento cabalgar
entre tus ramas,
en el lecho verde de tus ríos
nos sueño simples, diáfanos, puros
sobre la cálida bondad de la tierra



a razón de E.B. y todas sus selvas,

27.4.08

Este mirar, esta única ventana


Amanece en este punto de la ventana. Como si el mapa que existe aprendido en la cabeza y en las manos fuera parte de un sueño antiguo, recorro el mínimo y a la vez vasto espacio colgado delante de los ojos. Una imagen que tiembla, a veces oscura, a ratos clara, sacada de una pintura de ese libro quieto en un viejo velador. Al hombre y la mujer que me vaga cada cierto tiempo le dedico un respirar hondo, a modo de ofrenda, un agradecimiento que no sé de donde viene y sin embargo me urge convocar para entregarlo, con las pieles lavadas como por aguas subterráneas, caídas de antes, mucho antes , como nacidas muchas veces, llamadas con nombres diferentes.
A la madre única que abraza en todos los estados, le entrego este amontonar de recuerdos y huesos, y es que pareciera que nos vamos de a poco, que nos sobrepasan las horas , estáticas, como pequeños cuchillos afilados, nos van cortando el aire que de a poco recogemos sin dejar de respirar, sabios desde antes -sonreir de niños- volvemos al sueño, tomados de la mano.

22.4.08

sol de abril




más enciende el encendedor que el místico cigarrillo
la carne y la yema de los dedos
la mirada la sonrisa el sin fin de palabras
al borde del mismo lecho,
.

5.4.08

nada más que tiempo



Tu foto
y esas ganas de decir
de gritarte
en medio de la calle
teatinos
o condell
amor
amor
amor
cuánto tiempo
hasta abrazarte

16.3.08

predicciones



quién sabe si de esta suerte
nos deshacemos de a poco

.


2.3.08

Sin grandes anuncios




Hay un lugar en un edificio donde quisiera acariciar el pasamanos de madera gastado, sentarme en uno de sus escalones y esperar a que alguien pase, a que una persona, cualquier persona salga del ascensor y busque en sus bolsillos la llave para entrar. Hay un lugar y es una cama, una cama de otro en donde las palomas saben volar con los ojos cerrados, para luego dejarse caer como un piedrazo, un estallido en la vereda. Hay una mesa y una taza de té apenas tibio, masitas recién hechas y niños riendo y una ventana que da a un patio donde el jazmín se apodera de los muros circundantes. Hay un lugar en una esquina, llena de panfletos, de papeles pegados, como una idea sobre otra, un vestido arriba del abrigo y así, a la inversa de las cosas, un calzón por fuera y los zapatos pendiendo de una mano, antes que el semáforo cambie y todo sea otro pestañazo, otro explotar de luces y flashes deshechos en la vasta memoria.
Hay un lugar.

25.2.08

Siesta


Estas meditaciones todavía me mueven a asombro.
En la inquieta medianoche o en la calma del mediodía
T.S.Eliot


En el sueño yo era Amal. Íbamos a pie por el desierto. La ciudad más allá era una bola incandescente. Te veías triste, como si fueras a decir adiós. Entonces recobré la memoria de un sueño en otro sueño: yo era Amal e íbamos a pie por la ciudad. El desierto a lo lejos una bola de fuego cristalina. Por tu mejilla se deslizaba una lágrima. Un avión pasó levantando una nube de arena. Un insecto azul se escondió tras una piedra. Inútil decir palabra, la arena hervía en mi boca. "No consigo cortar este hilo que me ata", dijiste. No te volví a ver. Desperté. Seguía siendo Amal y no pude acordarme de tu rostro.

23.2.08

A alguna gente


A alguna
gente
yo le diría
que se deje
de mirar los zapatos
todo el día
que mire pa otro lado
de vez en cuando
sin molestar
eso sí
ni tanto
que más mejor
haber quedado
en la memoria
a volverse un pain in the ass
pa la historia
que vivir es un puro instante
y no lo mande gratuito
a buena parte
que la derecha no sepa
de la izquierda
haga sus cositas
pa dentro
acójase al buen silencio
esto lo digo
porque había que decirlo
ya está bueno
hasta cuando la
misma joda
que las gallinas mean
que la paciencia se agota
autocompasión no quiero
no quiero que me olvides
y al que le quede
¡que se lo ponga!

20.2.08



16.2.08

imagina si esto




imagina si esto
si un día esto
un día feliz
imagina
si un día
un día feliz esto
se acabara
imagina

S. Beckett, Letanías


.


10.2.08

River, river carry me on,









.

4.2.08

K A Y A



Se echa a mi lado con lentitud, como si nos conociéramos de siempre. Contemplo la ida del sol, digo, mirándola a los ojos , unos ojos pequeños y achinados, que poseen la magnífica vastedad de cuanto admiro. Pone una de sus patas sobre mi pierna y se acomoda, asintiendo con relajada intuición el inicio de la pequeña ceremonia. En el silencio de la tarde , cuando algunos insectos van a refugiarse y otros salen en busca de las luces, en el aéreo y oscuro espacio que amenaza con dulzura nuestras cabezas, permanecemos juntas, unidas por el origen de una palabra antigua que retoma fuerza y crece entre nuestras células, que son iguales, que finalmente , a la espera del crepúsculo tardío, iremos a dormir para adentrarnos en múltiples sueños, el paisaje inmenso que no acaba y en sí mismo es sólo un punto, suspendido en el pausado correr de la vida.

12.1.08

Vitrinas

La telaraña es un lámpara y te ilumina mocosa, te hace grande en esa figura de niña boba, esa tenue apretada de dientes cuando cruzas con la bandejita de los cafés y yo ahí sentado te miro las piernas a ver, si de una vez me dejas curiosear esa curvatura oculta , empinada y tibia que implora descubrirla otra mañana. La pared es tu biombo, la pantalla de cine del burdel en donde sueñas estrenarte, y ahí yo sentado, otra vez como en la plaza, divago en sueños como nubes eléctricas sobre mis hombros, que tomo tu mano, diez años atrás, cuando apenas deletreabas con gracia una oración de un versículo extraviado en una villa de muros viejos y rejas oxidadas.

26.12.07

Sick of Goodby's


Venías de pronto como esa poesía de Rojas, vacilante por el pasillo a medio iluminar. Venías con toda esa sabiduría que te han dado los años y tan quieta y olorosa con ese perfume de siempre que a ratos huelo entre las manos, y es curioso, pero a veces no puedo recordarlo y quién sabe, esa tontera de embotellarlo para dejarme envolver por él cuando se me diera la gana, ya sonaba tan lejano. No parecías la misma ahí, detenida en el umbral. Sólo quería abrazarte y dejar que tu pelo me tapara la nariz, se metiera en mis ojos, en la garganta hasta el final, que me impidiera respirar para así hundirme en el ahogo y pensar en nada sino en la muerte, en esa pérdida de conocimiento de la que me he hecho adicto. La ciudad afuera grita tu nombre y yo no dejo de pensarte bajo mi pelvis con la boca en tu nuca murmurando guarradas, las que me atrevo a decir perdido en el silencio, entre tus pechos, tus piernas tan abiertas solo para mi La iluminación del estacionamiento convirtiéndonos en sombras , blancos y negros apenas definidos. Mis manos que se van solas donde no quieres sentir pero sí quieres, pero urgente quieres y gimes y no paras de rogarme, que embista, arda. Tu rímel un desastre, un agua sucia sobre tu cara y te digo puta puta y terminas llorando sobre mi hombro, entonces te dejo con delicadeza y acaricio ese pelo que ya no está enredándose en todo. Bajo el volumen de la música, cierro las cortinas y me voy a la terraza a fumar un cigarrillo. Antes, te ofrezco un vaso de agua y no quieres, sólo deseas irte y buscas a tientas, tu ropa entre todas mis cosas.

fotografía, Robert Frank

15.12.07

fábulas



esa ropa colgada como si fuera yo sostenida por un cordel y que el viento y el sol y los bichos se posen en todo lo que pende sin la preocupación la desdicha sólo el gozo de la eterna deriva

fotografía , Bill Brandt

30.11.07

anómala


La oscuridad avanza y la absorbe en espiral. Las voces a su paso ascienden por debajo de la falda. Lenguas barbáricas la profanan sin llegar a poseerla. La cebra, ansiosa por correr se detiene en un muro de aguas. Fluye como un hilo que no acaba hasta la próxima esquina. Una boca de lobo por el cuello se hunde en estertores. Incesante cabalgar de la carne.

21.11.07

atmósferas

Tose. Sólo para emitir un sonido que rompa el silencio, para no sentirse tan solo. Repara en la mancha negra que ha crecido en una de las paredes, junto a la cocina. Es la humedad, piensa, y cuando respira, un poco de vapor se va en ese aire y supone que, dentro suyo, una mancha igualmente oscura ha ido extendiéndose, con lentitud, en cada una de las células que, a ratos, le parece, hilvanan el resto de su cuerpo.




(yo creía a los cinco que los átomos eran esos puntos que se mueven a través de la luz, yo pensaba que en mi mano atrapaba miles y los mantenía guardados en el bolsillo sintiéndome feliz, hasta que entendí, era sólo polvo en suspensión y nada más que eso, pero ahí tenía yo mi tesoro bien guardado, polvo de estrellas en la punta de los dedos)

19.11.07

patrimonio

Cazadora de sueños (IV)

Paseo por la casa en ruinas
busco algún abrigo para mi padre
me ofrecen uno lleno de agujeros
tan rojo como las puertas que acabo de pintar
que no son rojas -alguien me aclara-
sino burdeos o granate o corinto
cómo voy a abrigar a mi padre
con ese abrigo lleno de agujeros y de ese color
miseria la que albergamos
le digo a los ojos negros de mi hermana
suplicante ella repite no hay otro
éstos son los tiempos que habitamos
sigo buscando dentro del burdel
un abrigo para mi padre que ya está viejo
cuyos ojos con ese tinte de mar
perdurarán más allá de su muerte.

Zulema Moret


(bajo las escaleras corriendo porque los garbanzos adentro de la olla hacen ese ruido de barco a vapor y pienso que estabas solo y en el suelo y nadie ahí para ayudarte -aunque en los últimos 50 años digas que no necesitas a nadie- en una pieza con una ventana que da no al patio ni a un jardín sino a un pasillo atestado de cajas y una parra afuera distraída -qué sabe de nosotros de ti de tus largas caminatas de antes tus alegrías tus iras en nuestra contra- te regala unos frutos que tampoco puedes llevarte a la boca y aquí sentada al pie de la escalera sin zapatos sin nada de nada cuando allá una mujer le grita a sus hijos y es revivir y revivir -siempre en un peldaño esperando que la hora de una vez pase - lloro y la olla en la cocina cascabelea un sonido de muelles abriéndose de mares que no se pueden navegar)


9.11.07

Al - yibab



Todo se ve blanco, de uno de esos blancos que solo podría distinguir un esquimal. O tal vez no es blanco, porque la arena, que está en todas partes (aunque digas que es sólo tierra y polvo), tiene ese color raro, como de huesos molidos. Se me pega a la túnica, la muerdo entre los dientes, la sacudo entre las sábanas de nuestra cama. El canto a esta hora se oye más bonito, quizá es que me acostumbro a esas raras melodías, como salidas de la boca del estómago de un doliente al que le pesa su historia, cargada de íconos, enjambres de vínculos e imagenes épicas. Te pierdes, dices que vas por agua mineral y ya no te veo. Me quedo de pie y dejo que la gente pase a mi alrededor y apenas me roce con sus ropas. Soy un trozo de esa mujer que espera a Jesús y se aferra a esa idea loca de querer sanarse con una leve caricia. Un puente se forma entre la gente y quisiera cerrar los ojos y no verlos, o tal vez, como en esa fantasía que te conté la otra noche, desnudarme aquí, en medio de la calle tan áspera y dejar que todas estas manos extrañas y oscuras , arañadas por el sol, me arranquen uno de esos cantos que suenan por los altoparlantes, que todo el mundo venga y me toque, me sienta, cómo me deslizo sobre este suelo sagrado y me revuelco, como un animal, en su propio charco de deseos, apetitos voraces, sentires guardados. Apareces de pronto, con esa lentitud que te caracteriza, la sonrisa leve y nítida (aprendo a reconocerte, entre la multitud que permanece). El tiempo empieza a correr nuevamente, la ciudad allá abajo se hace uno con el sol, incandescente alumbra y reseca las pieles , abiertas, a esta hora de la tarde.

(a propósito de )

5.11.07

Una cosa menos.


Alcanza los cigarrillos y en un largo movimiento deja caer el cuerpo sobre el sofá. Las fotografías en el lugar de siempre, el florero vacío, las piedras de colores compradas en Brasil hace cinco años. El humo se eleva perdiéndose entre las lágrimas de la lámpara, que cuelga, graciosa como una bailarina. Recostado, levanta las piernas como si intentara alcanzar uno de los cristales con los dedos de los pies. Acrobacias no, piensa, ya no hacemos acrobacias, ya no nos paramos de cabeza, ya no hacemos el loco. De pronto sube un monólogo venido del balcón del tercer piso. Estoy sola, ¿querís venir? Ya po, ven, no te hagai de rogar, él no llegará hasta mañana, ven, o perdís pa siempre. Se acercó al balcón para escuchar más de cerca, pero la mujer entró al departamento, su voz se fue diluyendo en el espacio desierto hasta no oirse más que una puerta, el tintineo de unas llaves sobre la mesa. Apagó el cigarrillo y se detuvo frente a la pared de las fotografías. Ahí estaban. Él, Claudia, la pareja de españoles, la barca detenida en las aguas de Maraú. Vuelve al sofá, unos pasos en el corredor se silencian detrás de la puerta, seguramente ante el letrero de “se vende”, escrito a mano, al mismo pulso de su propio y nuevo desalojo.

25.10.07

punto aparte




ábrala en dos
en cinco si quiere
arda en su extremo
y libérela del caos
de esa malformación que le provoca
el alma
ese lunar de nácar
que a su antojo la desdobla


.

22.10.07

todas las mañanas del mundo



Tuve una visión.
Andaba por el campo y recogía frutillas.
Llevaba un tarro de latón y las echaba ahí con cuidado, una delicadeza para no desarmarlas.
Me sentaba en un rinconcito, un peladero sin un brillo pero a mi me pareció un lugar lindo, me daba descanso y eso era bueno para mi.
Antes de comerlas las quedé mirando un buen rato.
Tan redondas, como un corazoncito, una pequeñez tan bonita , una belleza en la palma de mi mano, entre los dedos.
Hojtas verdes, perfectas como si las hubieran dibujado, y seguí con mi propia mano y mi brazo y me recorrí entera.
Me sentí hermosa, con todos esos vasitos sanguíneos como ríos , atarantados, tan apurados por vivir como si ya mañana no fuéramos a despertar.
Tuve una visión, dije.
Pero los árboles tan quietos y solemnes ahí en mi jardín no dijeron palabra, silenciosos, apenas meciéndose , a su manera sonrieron.

14.10.07

migraciones



Has vuelto a escribir con lápiz, los dedos empapados de tinta, haciéndola bailar sobre la blanca sábana para decir, para impregnarte de fotografías, traer de vuelta, hacer el regreso de un tiempo que rebota en un espejo donde sólo tú te reflejas. Corres el riesgo, lo sabes, de no comprender más tarde ninguno de los signos allí tendidos, desnudos en la piel, en los ojos, los oídos, enhebrándose en el pelo que crece y se enreda otra vez a esa manera antigua del vivir. Corres el riesgo de no recordar las imagenes contenidas como pájaros, cabecita loca, y no importa, sólo el hecho, inenarrable, del lápiz entre los dedos dejándose caer, haciendo lo suyo en esa mano que toma, recorre, migra,

despierto,
un poemario me distrae del mundo,
un observatorio en la yema de los dedos,

10.10.07

Del lado de allá,

Ah, se já perdemos a noção da hora
se juntos já jogamos tudo fora
me conta agora como hei de partir
(eu te amo, chico buarque)


Alcanzas sus ojos en los tuyos Mariana como queriendo recorrerlo desde adentro, ser un aire dices y entrar en sus pulmones y ahuyentar así esa melancolía que arrastras , atávico mal que se pega al cuerpo , curioso imprescindible para decir y moverte intensamente en extremos del tiempo, de una hora de un reloj que anuncia inevitable palabras que te levantan tan a tu pesar. Calle. Zapatos. Madrugada. Partida que arranca tus piernas y deja tu corazón ahí tendido, un desparramo de ti misma en otra piel que respira y esos ojos nuevamente que son, para decirte, un mar tibio al que te abrazas.

30.9.07

pellejerías



no era la soledad

de estar en un silencio
como aislado de los trópicos
era simplemente
que mis pies
no sabían
el camino hasta tu casa




.

24.9.07

cantación que mima

Y aquí,
ya no hay revoltijo
ni penurias
un calorcito entra
y desparrama
agita
enciende
a vivo fuego
esta
(su)
pelusita estrafalaria

21.9.07

Bolita guacha.

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Ella me decía la Chirigua. Ni siquiera cabra o pendeja. Ella me decía así porque no me quería. Porque cuando se quedó gorda de mi (nunca habló de estar embarazada, siempre dijo, cuando me quedé gorda de ti) el lacho que tenía la dejó por una sin guata, por una que lo iba a esperar a la esquina con la falda corta y el taco alto, bien pasá a perfume, para embolinarle la perdiz, para que el tonto, porque era un tonto, si hasta yo lo supe y no nacía todavía, le dijera cuestiones por el cuello, que era rica y la más linda, y luego se anduviera paseando enfrente de ella, la guatona, para sacarle pica, para que la guatona viera que era una bruta lesa que la había embarrado, que ya ni falda ni taco se podía poner, porque la tremenda pelota va creciendo y todos se enteran y nadie te mira bien, y no te dan ganas de salir, para que todos digan, ahí va la gorda, por caliente le pasa, para que todos digan, ahí va la guacha a comprar el pan llena de moretones y costras en las rodillas que ni padre ni madre tiene, porque la dejan botá y cierran la puerta con una tranca por fuera para que no salga, para que no vea la gente ni se le haga agua la boca ir a correr a pata pelá con los otros en medio de la calle.

8.9.07

Hecho

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2.9.07

Por viaje al interior:

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Vendo cama 2 plazas poco uso, gran perfomance masturbatorio, fabricada con maderas nobles y reconstituídas, pensada en una conciencia medioambiental de avanzada, no requiere mantención ni lustramuebles, inductora de sueños eróticos altamente placenteros, juguetona y comprensiva, alma de madre y casquivana, la mejor dupla para cualquier desviado sexual sin diagnóstico o tratamiento , ideal para recreaciones suburbanas y campestres de gran complejidad, acogedora, postmoderna y desprejuiciada , evocadora de una creatividad inigualable, fiel y desinteresada compañera, doy fe.

28.8.07

Franz y una mujer después del almuerzo

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Sentada en una banca en el zócalo de su trabajo, un pequeño patio de luz, un mínimo oasis entre tanto ir y venir, entre tanto no pensar, no usar la cabeza sino para ser un hacedor productivo. Toma el libro, donde el señor K. sube y baja a tientas, perdido en su proceso, la incoherencia se precipita cada día en ese trayecto hacia la verdad, la cual, parece no querer venir. Ella se siente cercana a este señor en su búsqueda, hasta que en un pequeño fragmento de tiempo todo sugiere detenerse. La gente circula por los pasillos, escucha voces lejanas, percibe todo tan ajeno, como un disfraz, una maqueta que terminará cayendo en cualquier momento. Tal vez alguien entre por la puerta de vidrio y diga, "se acabó" y encienda un cigarrillo, indiferente ante su propia sentencia ; tal vez una voz por altoparlante recite, "es el fin, ya nada va a conseguir, proteja su lectura y lo bueno que pueda rescatar de ella, disfrute de ese instante antes que todo perezca, antes que los disfraces se oculten y la realidad se presente única y feroz". O quizá despierte, al fin y al cabo es buena para soñar, para creer en tonterías, pero en fin, ella quizo jugar, y ahí con su señor K. la va a pasar los quince minutos que le quedan del almuerzo.

14.8.07

Entre tú y yo

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Alcanza un palito del suelo y hace como que escribe en la tierra. La chasquilla le cae sobre los ojos, con la otra mano la sacude, mientras los demás niños juegan a la pelota en medio de la plaza. Sentado en una saliente de concreto, las piernas estiradas sobre el suelo y la mirada huidiza en el codiciado balón. Sería lindo ir y revolcarse en el pasto, sería bueno lanzarse entre los dos petizos y el más grande, sentirlos golpear sus manos al ritmo de un five de película luego de un pase formidable. Pero Marco ahí, no va a levantarse. La cama de la madre se abre en su cabeza cobijándolo silenciosa. La respiración es suave, tan suave que Marco a ratos piensa que realmente no lo hará más. Que va a detenerse, antes de lo pronosticado. Sopla un vientecillo húmedo en la plaza, una lluvia se anuncia desde lejos. Marco observa sus zapatos llenos de tierra. Piensa en los granitos que van a ir cayendo a medida que de el paso, desde ese punto hasta la casa, unas cuadras más allá. El antejardín, la escalera, los zapatos de ella guardados en el closet hace tanto. Entonces se va. En medio de los juegos, nadie repara en su partida.

foto, S. Larbalestier

9.8.07

modus operandis

Desearías que te cabalgara
desnuda sobre tu pelvis
la ventana abierta y la noche
entrando oscuramente,
configurar un mundo excéntrico
replegarse en uno mismo y horadarla
obligarla a gritar los sonidos de las putas
abrirla en el aire de un quejido
y olvidarte, excluirte en ese cielo
que ahí se construyó, verterla
en un sólo vocablo y conjugarla,
despacio integrarse en remolino
agudo sable que al final,
corta, zanja la vorágine
que termina por volverse olvido
y de ahí hasta nunca, si te acuerdas.

6.8.07

City tour.

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Y nada de eso importa. El resignado/ejercicio del verso no te salva,
JLB



Creo que era cerca del estadio en el barrio de la Boca. Un bulto , parecido al cuerpo de un ser humano se ocultaba bajo las frazadas. Era una cama, sí, una cama en plena vereda, al llegar a una esquina, pasamos rápido y no pude retener el nombre. Más allá todo pintado de color, intentando calentar el ambiente, los 3 grados a las 1030 de la mañana, viernes 3. El agua del puerto es negra, 100% poluta dice alguien por ahí. Una mujer con facha tanguera se toma fotografías con los turistas y yo, haciéndome que no, sentada en una banca cigarrillo en mano, resbalando la bota sobre Caminito, trato de hilvanar una idea concreta de todo lo que me ha pasado por el pellejo y no, no consigo enrollar la madeja, no logro sacarme de la cabeza a ese hombre o mujer, ahí, en total desprotección, y tal vez sumergido en lo único posible, un sueño, una ficción que es lo más parecido al calor, a la calidez temprana de donde venimos hace tanto y jamás, jamás regresaremos.

31.7.07

Déjà vu

"En principio, uno no entiende del todo el vislumbre, creyendo que el inquieto instinto es el que no permite ver sino lo poco corriente, lo confuso, lo temible. Luego, de repente, se ve o se cree ver, no lejos, un no se qué que te seduce, que se te impone, que te estremece. Entonces todo se pudre. Uno se sorprende, tiene miedo, el intelecto se oscurece. Sufres un dolor terco, sordo. El espectro entrevisto te embrutece sin remedio."

página 44, El secuestro, Georges Perec.

25.7.07

Amapola, lindísima Amapola

Mientras viajábamos en el bus, todas las imágenes de tu figura se me venían encima, una tras otra, una sucesión de postales que entibiaban el largo y frío trayecto hasta el hospital. Quería retroceder y declararme incapaz de seguir avanzando, acercándome cada vez más al punto en donde me encontraría con tu cuerpo inerte, envuelto en una sábana. Mi madre cada cierto rato hablaba de ti, con una nostalgia adormecida por los medicamentos, sutil y ligera, como una pluma sobre la frente. Sentada junto a la ventanilla, recordé las mil veces que al lado de tu cama, escuchaba con atención todas las historias, canciones y rimas que sabías de memoria, tu ropero de madera, inmenso para perderse buscando un vestido, encajes, un género traído de otro tiempo, otro mundo. Tus dedos en el merengue, los empolvados, el azúcar flor sobre el mesón, festines en tu minúscula cocina, no como la de antes allá en el norte, antes que todo se perdiera, una vez más, las pérdidas acumulándose como el polvo sobre los muebles, como las hojas en la casa que ya no es tuya, que ya no es de nadie y la palabra integridad, que revolotea persistente por estos días, esa que tú tenías de sobra e intentamos heredar a costa de múltiples caídas. A ratos mi madre parecía derrumbarse y, entre las oscuras paredes de la oficina de una asistente social, entendí que debía contener toda la pena que crecía inagotable. Más tarde, 800 kms. al sur, en una pieza enorme de grandes ventanales, donde la lluvia y el viento no dejaban de golpear como si quisieran entrar y hacerse parte, lloraba tu muerte sola, hasta el amanecer, con la absurda esperanza de volver a verte, en sueños al menos para decir, para agradecerte todo el amor que siempre estuvo ahí, en medio de tu abrazo.

23.7.07

náusea

.

entonces logras comprender, y sólo quieres vomitar,
arrojar toda la basura que te han dejado dentro,








.

19.7.07

nos siguen/ pegando abajo

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás mío, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

Fabían Casas, Argentina

9.7.07

La vaga idea de sentir

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Luego del trabajo vas a ese café en Lastarria. Te sientas en la misma mesa de la última vez, dejándote caer como si eso aliviara de alguna forma todo ese ahogo que ha venido desarmándote de a poco. Miras los libros en las repisas, el poeta con la mano en alto sigue ahí para recordarte, para ayudar a construir esa imagen que permanece gravitando en tu cabeza y en medio de tu corazón. Te sorprende la futilidad del momento. Estar ahí no ayuda en nada y, a pesar de tenerlo claro, has ido, quien sabe para qué, quizá, recobrar algo del efímero calor que alguna vez llenó el vacío que crecía insoslayable y amenazaba con abarcarlo todo. Entonces, abres el libro de turno y lees, sumergiéndote en un desierto que aumenta y a la vez, apacigua la ansiedad porque ese tiempo presente no acabe, prolongándose en una medida inexistente. Hasta que llega la hora de partir y sales a la calle, arrojándote en un abandono imposible de evadir. Caminas. El cielo allá arriba parece querer cobijarte y, sin embargo, no puede, no logra protegerte.

2.7.07

Viajes

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Recuerdo tan bien a esa mujer como si ahora mismo apareciera por la puerta. Se subió una estación después de Once. Yo acariciaba mi boleto de cartón, de vez en cuando lo giraba y repasaba sus costados enterrándome las esquinas en las yemas de los dedos. La mujer se me quedó grabada al instante. Al entrar al pasillo ni siquiera me miró, sólo observó la banca del frente desocupada y tomó asiento. Murmuró un "permiso" débil, dicho para adentro, como si sólo a ella le bastara escucharlo. De inmediato giró la cabeza hacia la ventanilla. Las estaciones se sucedieron una tras otra y no podía dejar de observarla. Era una mujer marcada por la tristeza y el abandono. Tenía los ojos enrojecidos como si hubiera llorado. Cada cierto rato se quedaba mirando hacia la nada y me pareció sentir un frío atravesándome cuando sin querer pasaba su vista sobre mi cara. Hubiera deseado ver mi rostro en ese momento, ¿qué expresión tendría?, esperaba no demostrar nada, no quería que la mujer advirtiera que me producía algo su presencia, aunque ya era tarde, más bien inevitable. Ahora, era la sala de espera de un médico y el boleto de cartón, la protuberancia que ha crecido en medio de mi cuello. La toco con temor y a ratos dejo los dedos allí, casi asegurándome que esa parte es tan mía como mis propias manos u ojos. Siento frío a pesar de la calefacción, a pesar de la mirada benefactora de una mujer mayor sentada en el otro extremo. Cierro los ojos y me dejo caer sobre el respaldo del incómodo sofá, e imagino que voy en el tren, que las estaciones me conducen hasta ese barrio en Buenos Aires cuando tenía 15 y todo estaba hacia adelante, todo el tiempo caía como un rayo de sol, perpendicular sobre mi cabeza, amarillo y cálido. Atravieso la Avenida San Martín y siento el calor un agradable peso sobre la espalda, hasta que dicen mi nombre, desde lejos, me llaman, igualmente fuera una niña y me desprendieran de la mano de mi madre, cruzo un umbral del que nada sé, al que temo desde antes de nombrarlo.

26.6.07

Ausentes

Cierra los ojos. Permanece quieta bajo el agua de la ducha. Siente el pensamiento lejos, casi inalcanzable. Podría estar un largo tiempo así, sin saber cuántos minutos o tal vez horas se mueven a su alrededor. Un infinito abandono se cierne sobre su cuerpo. Se elevaría por el aire de lo liviano que percibe esa corporalidad inespecífica de la que es dueña. Conversaciones, bocas, cuerpos tibios entrelazados en medio de la noche, son parte de un recuerdo, una imagen en el mapa de los sueños. Abre los ojos, la cabeza está inclinada hacia adelante. Puede ver los chorros de agua descendiendo, inevitables, como riachuelos por sus pechos, el vientre, la mancha oscura en su pubis y más allá, los dedos de los pies. Un espiral, cálido y pretérito la envuelve, adormeciéndola en una caricia. A lo lejos esucha una canción, mientras el agua sigue cayendo como si el cuerpo no fuera más parte de esa extraña y ajena realidad, ella tararea, rompiendo el silencio, haciéndose parte de ese caer hacia la nada en un tiempo de otra boca, que no volverá.

19.6.07

Gestos

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para B,

Una mujer y su hijo, abrazados en la cama, esperan que el medicamento haga efecto y la fiebre que los aflige a ambos, retroceda de una vez. El niño se apega al cuerpo tibio que lo rodea como una manta. Ella, le acaricia la cabeza, pasando los dedos entre el pelo ensortijado. "Estar enfermo es como estar triste, dice el pequeño, se parecen porque en las dos cosas dan ganas de ser invisible". La mujer lo abraza con más fuerza y lo besa en la frente, le pide que duerma, "sueña algo lindo, agrega, sueña que vamos por el campo y rodamos en el pasto". Al cabo de un rato, el pequeño lleva la palma de su mano sobre la frente de la madre. "Qué bueno, exclama, ya no tienes fiebre", luego, tapa los hombros de la mujer con la sábana. La mujer se siente traspasada por ese delicado gesto, como si a lo largo de su vida hubiera esperado por él. El niño le regala ese momento y ella sabe, jamás lo olvidará. Quisiera decir algo, susurrar en el oído de su hijo una palabra maravillosa atrapada de la nada, entonces piensa que no existe palabra que represente la belleza de ese instante, y se queda dormida, sintiendo que en la quietud que los envuelve ya se ha inventado una palabra, una bellísima palabra.

13.6.07

página 134, hoy

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,


de Después de las fiestas, J.C.

8.6.07

Déjame un recuerdo por favor

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El agua en la tetera hierve y el vapor ha cubierto todos los cristales. Pienso que ha de ser una buena forma de ocultarme, justo hoy, he decidido estar fuera de este mundo y los otros. Sin embargo, presa de la contradicción, abro la puerta y salgo. Los árboles han botado todas sus hojas . No he querido barrerlas, ahí están, atrapadas, cautivas en ese trabajo microscópico del nada se pierde todo se transforma. “Es curioso, pero ayer he soñado con la descomposición”, le comento a la única vecina a la que hablo, una mujer de 80 a quien suelo visitar porque vive sola, como yo. “Este es el Nico....hace tiempo que no viene”, dice, mostrando una foto perdida en un mar de rostros y escenas familiares, decorando una pared entera. Podría pasar semanas observándolas, incluyendo en el afán, la intriga que me producen los distintos marcos en que se sostienen. A ratos me parece estar dentro de un marco de foto, de pronto alguien viene y me cambia de un lado a otro y la mayoría de las veces termino en el mismo lugar. “Ah.., que pena”, respondo. “Y esa soy yo”, dice luego, “en la plaza de Vallenar... ¿conoces Vallenar mi linda?”, pregunta, con los ojos encendidos igual que lamparitas, y yo logro percibir un millar de súplicas: que por favor conteste sí, que de verdad conozco Vallenar, que además tuve una historia, un amor, que a lo mejor hasta ahora piensa en mi y le cuenta a sus hijos, los que tuvo con otra, claro, que una vez se enamoró de una mujer que no parecía de este mundo. Se me hace un nudo porque no, nunca estuve allí. Entonces voy a su cocina por un vaso de agua. “¿Me alcanzas esa cajita?...esto es para la memoria... a veces me gustaría no recordar, ¿sabes?, sufro mucho cuando llegan imágenes “aquí” y no hay forma de tomarlas...” y apunta su poco glamoroso peinado, hecho a tientas seguramente, en medio de una soledad que la conduce en cada instante a un agujero en el espacio. “Quién sabe, sería mejor no enterarse de nada”, contesto, y me quedo con la mano extendida como para hacerle un cariño en la cabeza pero ella da la vuelta, dirigiéndose con esa lentitud que la envuelve en todo, menos su tristeza que me conmueve tanto. Me pasa la pastilla y sonríe como diciendo: “ya todo se ha olvidado y soy una extraña, aún para mi”. Regreso a la cocina con el vaso y observo los vidrios, completamente empañados. No hay indicios de agua hervida, es sólo el calor que brota de la casa el que ha puesto esa cortina, separándonos otra vez del mundo externo. No resisto la tentación de hacer un dibujo con el dedo, romper ese extraño encantamiento y estampo una estrella infantil que parece iluminar de alguna forma nuestro encierro. La anciana y yo permanecemos adentro, un adentro que se nos pega al hueso. Por momentos me parece ser su sombra, cuando ella olvida que estoy aquí. Habla sola, dice algunos nombres, hace un murmullo que me transporta a un lugar que me es absolutamente conocido y a la vez distante. Luego, vuelve de ese paseo interior y me pregunta la hora. “Siempre es temprano”, dice, “ ya quiero que sea tarde, muy tarde”. Me despido de ella y antes de salir, la miro por última vez y siento ganas de abrazarla, egoístamente, agarrar toda esa existencia, sumergirme y no hacer nada más, quedarme flotando inerte, ser la pastilla que se deshace en el lavaplatos, descomponerme en la tibieza de un anhelo entrañable. Pienso que más tarde volveré para decirle que el Nico va a venir pronto, que linda se ve en la plaza de Vallenar, contarle de ese amor inventado. Cierro la puerta y este mundo se abre sólo para verlo desde lejos, no dejándome pasar, como si hubiera decidido que mi lugar era siempre ese, al otro lado del vidrio empañado.

4.6.07

Algo importante.

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Esta noche toca Joshua Redman en el Fleur de Lys. Iremos los de siempre, F., P. J. y yo. Entonces llega F. antes que todos y dice: “debo conversar contigo, hay algo importante que debes saber”. F. entra enfundado en una chaqueta de cuero nueva, café tabaco, “muy ondero”le digo, "te ves muy bien". "Gracias, tú también te ves linda". F. siempre me ha parecido un tipo excepcional, muy callado, dice lo justo y necesario, no trata de sobresalir, tan piola. Demasiado perfecto, ha dicho J., a quien F. le da exactamente en donde a J. le dan los tipos como F. Esos con quien desde el principio sabe, a pesar de todo su encanto, no puede competir. Sin embargo mantienen esa amistad de años, desde la universidad. Cada uno acepta los defectos del otro en forma tácita, como si fueran dos hermanos, los que no se pueden separar porque hay algo más profundo que los une. Ese hilo es una historia familiar muy parecida. Padre ausente, madre extra esforzada que a punta de sacrificio logró sacarlos a flote y sin ambargo, en ese resultado perdió todo real contacto con ellos. P. siempre dice “que estos dos lo que necesitan es un padre, y yo no voy a dármelas de papacito ni a presentarles uno”, P. está enamorada de F.y en su voz hay una esperanza remota de encontrar su corazón. Los comentarios de P. me dan risa pero en el fondo no sé si estará equivocada. Luego vamos a la cocina y F. deja su chaqueta nueva en una silla. Saca los cigarrillos y me ofrece uno. "Me gustas mucho", dice, a título de nada con la voz temblorosa. Como si hubiera practicado un buen rato, la frase me pareció teñida de cierta frialdad. Sonrío y le pregunto si es un chiste. Dice que no, que no es chiste, que le gusto demasiado y cree que es mejor que no nos veamos más. “No soporto verte con J., a pesar de ser uno de mis mejores amigos, te juro, sé que no es el hombre para tí...” “Déjame terminar”, dice, extendiendo su brazo y poniendo su mano sobre la mía. “Crees que quieres a J., pero es sólo por su historia, sí, claro, la mía es parecida pero yo soy diferente, J. cree que la vida le debe todo y hace y dice lo que quiere. Va por ahí sin filtro y dice cosas que te hacen doler y tú como si nada, absorbes igual te lo merecieras”. Permanezco en silencio. Retiro mi mano lentamente de la suya y apoyo mi espalda en la silla. Tras dos bocanadas de humo me levanto y apoyo en el borde del lavaplatos. F. está ahí, sigue sentado y baja la cabeza, cierra los ojos. Me conmueve esa fragilidad, esa capacidad de decir lo que siente sin temor a lo que yo pueda pensar. Me acerco y le acaricio la cabeza. Él toma mi mano y la besa. No decimos nada. Al rato suena el citófono. Son J. y P., se han juntado abajo en el ascensor, vienen subiendo. El Fleur de Lys está repleto. La banda comienza a tocar Jig-a-Jug, todos frenéticos siguen el ritmo con manos y pies. J. me guiña un ojo, F. mantiene la mirada fija en sus zapatos, P. observa a F. con el rabillo inundado de tristeza. La música se escucha soberanamente bien. Somos un puñado de infelices y la bendita boca de Joshua toca y toca hasta las dos de la mañana.

30.5.07

Interactiva

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Congelen la escena. Ahí, justo. Tiene 14 y esa cama no es suya. En realidad la casa en donde vive no es de ella ni de su familia. Está de acogida en el hogar de alguien que se compadeció "del asunto". Pobre cabra, la mala suerte que tiene. Hace 1 semana dormía en una mediagua. Pero no quiere acordarse no, aunque le dicen que tal vez va a hacerle bien, el feedback terapista. No, no viene el recuerdo. Ahí da vueltas. No puede dormir. De reojo ve el destello en una tabla de planchar metálica, se hacen dibujos con la luz que entra por la minúscula ventana. Hay una aspiradora, un mueble viejo que parece alguna vez tocó música y le falta una puerta. Se asoma un disco viejo. Imagina cómo será la música encerrada en ese plástico negro. Lo toma y pasa el dedo por los surcos. Canta una cosa inventada, de ahí sabe que la música va a servirle de mucho, al menos como escape. Usted es una escapista profesional, van a decirle en el futuro pero ella va a reirse, va a meterse en el bolsillo todo eso que a veces le dicen de la soledad y la nostalgia. Ahora, con la baja temperatura se acuerda menos porque se le enfría la memoria y sólo quiere acostarse y abrazarse a un recuerdo bueno. Oiga , suelte la pausa, ¿quiere?, ya vimos suficiente.