15.1.13

Sur

sumergirse 
en un bosque de arrayanes
habitar
en una de sus hojas,

irse 
de a poco
llevándote la mar
de hojitas, balanceándote
tan leve
a milímetros del suelo,



para, V, E, B y R




15.5.12

La 208


                                                                                                                               
                                                                                                                                                        Siempre me he preguntado cómo sería llegar acompañada, tocar el timbre y atravesar el umbral. Aparecería alguien vestida como yo, caminando muy lento, casi deslizándose por los pasillos, todos alfombrados de rojo. Después del saludo oficial nos ofrecería alguna habitación. Yo siempre pienso que elegiría la 208, porque es la más bonita. Tiene las paredes pintadas de amarillo claro y los tapices y el cortinaje son del mismo color. Hay un silloncito en la entrada muy elegante, con patas torcidas de león y la madera es suave, color tabaco. A veces me siento ahí, cuando los pasajeros se han retirado. Me inclino hacia atrás y observo lo que ha quedado de la pieza, siempre con una sensación de pesar, como si hubieran desarmado una cosa muy bella. Las sábanas normalmente están regadas por el piso porque la gente las desordena revisando si ha olvidado algo.  Los vasos están a medio beber o volcados sobre la bandejita en el velador. El cenicero casi siempre tiene dos o más colillas y hay ceniza desparramada incluso sobre la cama. Me pregunto si no les dará miedo tener un cigarrillo encendido cerca del cuerpo desnudo.
Camino hasta los espejos y veo todo desde esa perspectiva, como si estuviera del otro lado y los viera actuar. La forma en que sus cuerpos  se mueven al mismo ritmo, cómo sus manos se pierden, se buscan en el otro, los sonidos que emiten, los quejidos que se ahogan, así estuvieran sumergidos en una piscina y yo desde arriba, desde la superficie, los observara desde lejos, admirándolos.
Pueden pasar largos minutos y si no me llaman de alguna otra habitación puede ser una hora o más. Todas las imágenes han quedado grabadas en los espejos, y es igual que estar en un cine para mi sola. Cierro los ojos y me dejo llevar por un agua que siento emerger al final de mis caderas, un oleaje tibio al que no me puedo resistir.
A  veces  me paseo por fuera de las habitaciones. Recorro los pasillos con mis zapatillas  blancas  sin hacer un  solo ruido. Me gusta oír las voces y los sonidos que salen de las piezas. Casi  siempre son quejidos  masculinos  los que me  hacen quedar por ahí,  dando vueltas.   Entonces  arreglo  los cuadros que  cuelgan de las paredes y riego las plantitas que están en las jardineras. Hay voces suaves, quejidos pequeños y cortos, profundos que se meten debajo del uniforme y hacen cosquillas en las nalgas, erizándome hasta los hombros. Hay otros que intimidan y el corazón se acelera por el temor que provocan, pero también es agradable escucharlos.
Me quedo cerca y aprieto las piernas en un movimiento constante, repetitivo, como si hiciera algún ejercicio de gimnasia. El espacio comienza a abrirse y me siento deslizar a través de los muros, caigo dentro de las piernas de un hombre, me empapan su humedad cálida y asfixiante, mi respiración se entrecorta y mojo mis labios para enseguida abrirlos y besar el extremo de su sexo, el hombre se queja con fuerza y acaricia mi pelo, rodea mi cuello con sus grandes manos y murmura cosas terribles y dulces, más tarde, en un movimiento brusco me toma de las axilas y me sienta sobre él . Yo abro los ojos y abrazo la pared fría, corro al baño y me toco, me toco hasta quedar exhausta y después lloro, sola, como colgando desde un precipicio y me digo que no  volveré a hacerlo jamás.
Es cierto que casi siempre me siento un poco triste, luego de preparar la 208. No sé si ellos apreciarán el modo en que el borde de las sábanas está doblado, la delicada rectitud de las almohadas, el perfecto doblez de las toallas en el baño, el triangulo ordenadito del papel higiénico. Las flores plásticas que adornan el techo sobre la cama las ordené yo, flor por flor,  imitando un jardín en primavera. Cuando no estoy de turno, siempre me quedo pensando, mientras me preparo algo de comer y la señora Magaly toca la puerta y saluda preguntando si necesito algo del almacén de la esquina,  yo pienso con la cabeza en muchas partes quiénes habrán entrado a la 208 ese día, si serían jóvenes o personas mayores,  si ella se tapa la cara avergonzada, si se besan por los pasillos antes de llegar mientras  los van guiando hasta la habitación.                                                                                                                                       
La  tetera  hierve y a mi a se me caen las lágrimas de  pensar en que es tan probable que  yo nunca  vaya detrás de una mucama,  pisándole los talones, apresurada por llegar a  la puerta para entrar con  apuro,   pero deteniéndose ,  porque hay que intercambiar algunas sílabas con   la  recepcionista,
decidir el trago que se va a tomar y pagar  por  adelantado, tal vez sentarme en  la  orilla  de la cama  o en el silloncito de la entrada de patas de león esperando a que él busque su billetera y de reojo  me sonría como tantas veces ellos les sonríen a ellas, que están ahí ansiosas y  los pies se  les mueven del nervio que se les viene encima, porque ellos se acerquen y las abracen, les quiten el pelo de la cara con un movimiento tierno y sutil,  toquen sus labios con los dedos y las besen en la boca, sintiendo su lengua nadar entre sus dientes, buscándolas, de la misma forma que lo hacían desde antes de llegar, desde cuando las llamaron por teléfono o les hicieron una seña en el trabajo y ellas comprendieron de qué se trataba en un instante,  que a esa hora se reunirían en la casa pintada  de azul, donde en el interior aparecería una mujer vestida entera de blanco que los observaría de reojo y casi siempre tiene cara de pena la pobre,  se mueve igual que un gatito asustado sin saber bien dónde dejar las manos que juegan con el delantal algo nerviosa, y parece que está a punto de llorar, como si tuviera tanta tristeza por algo, y quién sabe qué le pasa,  quién sabe.

Cuento ganador primer lugar concurso Mi vida y mi trabajo 2008


23.3.12

23 de marzo,

Mi hijo, el más pequeño, tiene ese encanto que sólo tienen los niños de su edad. Nada se compara a su sonrisa, al pequeño gesto de alzar el brazo y dibujar un garabateado adiós. Me levanto por un quejido que a través del aparato suena como un grito, en el mejor de los casos. Observo su rostro, y no dejo de sentir un cosquilleo en lo hondo del estómago. Plácido, hecho un lulo entre la revoltura de las sábanas , descansa mientras yo me juego el minuto que queda para dormir. Salgo de su pieza y vuelvo a entrar tantas veces considero necesario, o más bien, hasta que ese "que se yó" me empuja con la obsesión propia del que no quiere abandonar, para ver si de verdad las molestias del resfrío se han ido. Le canto en un silencio que es solo nuestro y también fue de mis otros niños, años atrás, cuando en otras piezas recitaba de memoria inventos que rimaban con nube, polilla, jacarandá. Más allá de nuestro patio, la ciudad se levanta en madrugada, las luces de algunos vecinos iluminan un mapa aún confuso. Duermo.

20.1.11

enero

Ya es la mañana. Se escucha el mar en su eterno ir y venir. Los niños duermen, incluso tú, a un costado de la cama, ese que es tu lado desde hace tiempo, ese rincón en el que me sumerjo cuando te has levantado, para envolverme, una vez más, en lo infinito de nuestros pequeños espacios. Todo se ve de una belleza exuberante, y dan ganas de quedarse quieto y no respirar para detener el momento y revivirlo cada vez, en todos sus pulsos, en cada una de sus vibraciones. Ya es la mañana, y acaricio esta guata que crece y crece, regada de sueños y fantasías, de voces, dones y fiestas. Nuestra historia de imaginar es tan grande amor, que ya no hay papel para escribirla, para llenarla de dibujos, de sonrisas, de rutas extraordinarias. Acá vamos, tú y yo, tomados a esta vida que se mueve inquieta y sorprendente, esta mañana de enero, donde el sol nos da en la cara, saludándonos.

3.11.10

Leer a Cheever

Leer a Cheever ha sido una iluminación. Perderse en las páginas de "Diarios" es adentrarse en cada rincón de lo que guardamos con esa sutileza de la mundana pequeñez. El trayecto a casa, la ida al boliche de la esquina, la espera en el cine o por los niños que salgan del colegio. La extraña grandeza, la rara belleza de lo de siempre. Ese andar por ahí y darse de golpe con las imagenes guardadas ha sido una alegría que viene a sumarse a todo lo demás. Leer a Cheever cuando esperas que pronuncien tu nombre en una salita de espera llena de gente, extraños por naturaleza, cada uno en su sitial de lejana perspectiva, la inquietud del llamado, la espera, el tiempo en virtud de nuestros ojos. Leer y reconocerse en otras letras, en otro tiempo y en otro sexo, un Orlando cualquiera, un viajero, un terrorista del espacio, un plagiador de calendario... Está nublado y la mañana posee esa libertad de la que a ratos se extraña tanto. Escribimos con amor y en desorden, con un sentimentalismo épico, caemos en máxima redención por mínimos detalles y leemos otra vez, y otra vez, en todas las cosas, en todos los paisajes.

16.6.10

Después de tu partida las horas son tan tristes

por ahí
un grito lejano
para alguien
tan pequeño
bellos narcisos
luego marzo
Samuel Beckett
para R., todos estos días

Se acumulan pérdidas y de apoco, con esa liviandad propia de las cosas que se van despidiendo, se arrima un dolor, pequeño y tan presente. El día a día se transforma en un brusco choque. Las imágenes, siendo las mismas, ya no significan lo mismo. Ahora se va por la calle, y no es lo mismo ver la avenida a la salida de la casa llena de hojas, porque los pies que la solían caminar ya no están, los pies que eran de mi padre.Tampoco la radio, sintonizada siempre en la Beethoven, y la tv en el canal de los deportes. El libro de J. Keenedy Toole, regalo de navidad, sigue ahí, con el papelito marcando la página. Se llena de polvo, junto a todas sus cosas, un polvo que advierte, incrédulo, el paso del tiempo. Luego, en el camino, asoma un brote hilado a un vientre (este mio y nuestro, esperanzado vientre), una pequeña sonrisa unida a un cuerpo aún más pequeño, una ilusión que permanece fija en el corazón, aunque ya no esté, aunque haya partido también, llevándose una ilusión con nombre propio, ojos, manitos pequeñas, pies corredores, dejándonos, sin embargo, esa inefable sensación de felicidad plena. Las pérdidas se hilvanan, se llevan cosidas con un hilo imposible de desatar, están ahí y como se está vivo existe la certeza o la obligación (tal vez más simple, el vago consuelo, la tierna explicación), de aprender de ellas, de hacerlas parte de uno, de llevarlas a donde se vaya, con la convicción de una promesa de tiempo nuevo, de volver a empezar en el amor, siempre.

31.3.10

a ratos, por las noches

a veces sueño que te golpean. viajo a través de una pesadilla hasta tu puerta. a veces en el sueño no puedo abrir la boca ni las manos ni los pies para impedirlo. a veces en el sueño lloro por tus moretones y heridas. a ratos en el sueño soy invencible pero no puedo defenderte. intento decir y decir pero no puedo. a veces en el sueño huyo. si no puedo protegerte es mejor no mirar. igual como hacen los cobardes. el tiempo en los sueños es de otros tiempos y nada puede hacerse para deshabitarlos. nada.

20.7.09

Reuniendo cosas que se extienden sobre la superficie

Vienes diciendo y paras el auto para llamar y exclamar o tal vez apenas pronunciar porque las palabras están apelotonadas, en hilera, cayendo de alguna parte que no se sabe, pero sí hacia donde va, una sonrisa robada en medio de los otros, la clandestinidad a gritos como un telón bajando y los ojos, todos esos ojos leyéndonos, y vamos apurando el paso y la voz, y las manos, hasta abrir la puerta como si nos persiguieran los perros, los messermitch, un lanzallamas, y por fin se es bajo el cubrecama nuevo, una blancura que nos abraza, y las palabras té, pan, tele, hacen el resto.

12.7.09


Llora por los rincones
el libro de la rana roja
ya nadie lo lee y llueve
lagrimitas por toda una hoja



4.7.09

amor amor amor golpe de un émbolo antiquísimo

una alarma suena y me despierta y te digo /amor/ que suerte/ estás aquí/ tomar tu mano a mitad de la noche y apegar el cuerpo al tuyo porque el frío y la oscuridad y todo lo que es estar contigo como una lapa en el mar cuando la roca se desnuda y le da el sol como una manta de esas lindas llenas de colores y la lapa al borde vive de pequeñas cosas miniaturas que solo una lapa podría comprender entonces sonries y te acurrucas entre mis piernas porque te sabes lapa y la tierra buena giradora /que era mi cama a las 3 de la mañana/ nos sostenía a los dos y toda la manta colorinche calientita se nos vino justo encima hasta que dio la hora y salimos en medio del alba como rompiendo la noche entre las olas para abrirnos junto a la mañana.

26.6.09

de modo que no hay sol ni hay revelaciones



Sueñas que Ray Loriga besa tus talones y gime. Sueñas que el tatuaje de Ray Loriga se alza en medio de la noche y abraza tu cuello y desciende por la espalda hasta el nacimiento de todo lo que es. Y amaneces otra vez en ese sueño donde tú y las demás se confunden y entrelazan para representar tan sólo a una en el gran baile de los ojos.

7.6.09

Cortos cortes.

nacimos el mismo año pero no el mismo día. la actriz de la tv, la mujer de la película a medio ver (nunca pude verla completa, me daba lata imaginar que ya sabía el desenlace) no era yo y ella nunca sería esta mujer sentada frente a un señor que bebe su té sin tener idea de las cosas que pasan como hormigas por otro pellejo.
las hormigas en aventura clásica:
las hormigas cruzan desde el jardín y traspasan el umbral de lo permitido. la miel de maíz es su objetivo y ascienden sin temor, una a una. la lentitud es su proeza, no se abalanzan como yo sobre el objeto deseado. la historia de las hormigas terminará o no, quién sabe, cuando el hombre pronuncie enajenado. malditas hormigas, voy por veneno.
borraría su imagen si fuera una fotografía, una que tomé la otra vez. una foto que existe sólo en mi pc como tantas otras fotos que viven ahí, acurrucadas como pájaros en nido prestado.

lo recortaría con la yema de los dedos no sin antes pegarle unas alitas de papel. la imagen flota en el aire y se va sin dejar vacíos, solo recuerdos alineados en unas cuantas décadas. el jazmín crece sin reglas y se aproxima cada vez más al ventanal.
un jazmín en desborde:
las flores del jazmín se abren y duran pocas horas en medio de este viento. el cigarrillo humea y abraza sus pétalos cuando hay nublado, cuando los vecinos del junto hacen fiesta y tararean "ella, ella ya me olvidó". las ramas van hacia el umbral en un viaje largo y ajetreado. un paraguas, una mesa, una perra que sortear, aguas turbulentas para un pequeño y pálido brote.
la película no es mala, digo, pero no la veré. el hombre mira sobre sus anteojos y dice, ya estoy acostumbrado a los hospitales, nada va a cambiar, y arrolla con un dedo el pequeño y delgado camino de hormigas. son casi las siete de la tarde.

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31.5.09

no descongelar/antes de servir




esa piluchez delirante
de las mañanas,

agarra vuelo antes que se nos vaya

26.5.09



oye, poeta, le dicen /
enchufa el amanecer


Roberto Bolaño

13.10.08

De ese átomo que a ratos te cautiva,

también estoy hecha

Sentada en la mesita desayunera, espero, mientras la levadura, la canela y la manzana juegan dentro del horno. Mezclas de amor que acarician la frente una tarde de sábado. Una música suena desde el computador, llevándonos, trayéndonos, colinas, mares, un avión, un lecho de elefantes marinos. Soy de ese puro movimiento. Escribo, y un lápiz entre los dedos se afana en descubrir un camino donde la siembra no sea olvido, donde las palabras dichas no se vuelvan anillos en el agua. Tras la ventana, liquidámbares se llenan de hojas, y el pasto sin cortar asoma un juguetito rojo abandonado, que a modo de bandera flamea quieto, anunciando que más tarde, todo este silencio tan hondo, ésta, nuestra apacheta gigante, se llenará de alegres risas, de abrazos y besos pintados de sol, atados con ese hilito verde, de inagotable nacimiento, de esa locura antigua que nos mueve por vivir.


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15.9.08

ojo mágico







nos descifro

cada vez que te veo










7.9.08

love


eso,

5.9.08

Para B.


Salí a la calle como en medio de una guerra. A gritos te llamaba y esa esperanza tan cercana a la promesa, de verte salir entre las sombras de los arbustos o las rejas vecinas, alimentaba cada paso. Hasta que apareciste. Tu polerón azul enmarcando tu carita de asombro bajo un umbral desconocido. El universo entero regresó a ser el de antes, otra vez giraban los astros, otra vez tu vocecita reordenaba estos huesos que tienden con frecuencia al desarme. Todo era en el milagro de verte, de encontrarte ante mis ojos - ramita de trigo, espiguita de sol-. Regresamos a nuestra casa, caminando lento, bajo el mismo cielo que te vio nacer una noche de abril, con ríos de hojas secas por las calles. Gravitamos luego en un sueño infantil, abrazados. Tu peluche favorito observaba silencioso, anclándonos a tierra.

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canción de la luna mejorosa



cachito de luna
asómate ya
que en la noche negra
mi niña va a jugar

cachito de luna
columpio de cristal
recorre los cielos
pa verla sanar

31.8.08


Esta tarde recordé los volantines. Cuando corría y giraba la cabeza intentando ver si de una vez el viento lo elevaba. El aroma de los primeros duraznos, astros redondos y pequeños refrescando la tarde. Y nosotros, niños que jugaban, mientras desde una radio lejana sonaba un partido de futbol. Era domingo, y el verano se anunciaba por los patios.

18.8.08

le provoca deep

Primor se va a poner a bailar. Sacará de una las prenditas y le hará tal revoleo que saldremos todos cuete por la ventana, si tenemos suerte llegamos antes a la puerta. Es que primor le baila todo el día, dice que la música se la pone bien temprano, antes de despertarse ya anda sing sing sing y me dice track one/ track five, cuando le pregunto qué vamos a comer o la tomo del brazo antes que parta al escenario dibujado por ella misma, pero la muy desvariada ya partió y no hay tiempo para detenerla, no queda más que permanecer mutis cachorro, observando a primor cómo el ritmo la desenchufa, y ahí el exorcismo le empieza por los dedos y uno va adivinando por donde sigue sinapsis tras sinapsis, una redondez asoma al descuido y el ojo se posa como mosca : es el momento para agarrar el sillón a dos manos y apretar las piernas para no largar las ganas y embarrar el espectáculo, el ventilador que no existe sopla a nuestro favor san mandinga, llevándose la ropa, arrastrando gotas de un sudor que promete caminos revueltos / alienígenas, y admitimos felices como niños: nos gusta la confusión, nos encanta el desenchufe (por eso estamos acá) y primor no se detiene, aunque gritemos, eyaculemos, nos venga al menos un infarto, entonces damos un salto cuántico y ya empieza a tararear el track que suena, mordiéndose los labios deep deep deep deep deep deep deep deep /somewhere out there anywhere i don't care get me out of here.

13.8.08

Muerde la distancia

Desciende azotándome hasta el cauce...
Isla Correyero

Amapura se yergue por sobre todas las cosas
pero en vano crece en el espacio
en vano levanta sus espléndidas luces
pues el deseo cae y hunde
su feroz mandíbula en mi carne
y alzo alzo las manos
como espantándolo y no hay escape
no hay un por ahí es la salida
el deseo oscuro caverna de palabras
que no ven la luz del día
afloran hermosas transparentes
salen de mi boca en pequeños latidos
vocablos del invento y el arder
reverberan por un tiempo
y asoman implacables en un sin fin de caracteres
encendidos como un fuego de mil fósforos
que ya habrás de tener frente a tu rostro
y Amapura se yergue preciosa
como un ícono despierta del delirio
que pasan las horas antes de cruzar
el umbral a tu cálido refugio

23.7.08

Song no.6

16.7.08

Anima vagula



Animita Que abres la ciudad De un tajo


.

7.7.08

Estación terminal



Viajamos. La carretera es nuestro vehículo, y en la sinuosidad del gris nos perdemos en el bosque que parece flotar entre la bruma de una lluvia fina, imperceptible y, sin embargo, tan llena de certezas. Toco el vidrio de la ventana y el deseo de yacer sobre el calor de la tierra aparece derrumbando casas y edificios, ropas y lenguajes, formas y creencias. El breve o extenso argumento del vivir se comprime en tan solo una afirmación, en la del musgo que abarca con lentitud y belleza los techos que se elevan sobre los cerros, como queriendo llegar de alguna forma hasta el origen de todo, hasta el nacer de vuelta.

20.6.08

Canción de cuna


Dibuja una mantita
de venado mi cantar
en el aire una serpiente
que abrigue tu soñar
Y en el cielo las estrellas
iluminan sin cesar
tus manos que hacen flores
en el sueño del telar

8.6.08

el cuerpo de los dos


Caminamos de noche en medio del frío y tu brazo en mi cintura, sube y desciende haciendo suyo, como al pasar, cada fragmento del cuerpo que a ratos se desborda sobre tus sábanas. Los árboles aparecen mudos, ocultos en su propio misterio, levantando aceras, haciendo de este andar un momento inmenso en donde a mitad de una calle un beso nos atraviesa lento y apretado, una promesa de lo que más tarde nos estremecerá, ese mundo que de a poco inventamos, tan de cuerpo y sangre, tan de magia cotidiana.

21.5.08

Agua


En Brizna nunca había llovido. Por eso, cuando esa madrugada sentimos el ruido sobre el techo, no dudamos en salir. El agua caía del cielo como escupida por una gran boca, o como dijo una anciana parada en medio de la calle, “el cielo lloraba por nuestra desgracia”. La miré. La lluvia le corría por el cuerpo, mojándole los trapos que llevaba por vestidos. Con esfuerzo logré levantar la cabeza y mirar hacia arriba. El cielo era un gran fondo de agua gris, teñido de manchas negras y azules.
Llovía sobre la amarilla tierra de Brizna. Todas las cosas que había visto antes eran una sola, ahora encerradas en la misma palabra del olvido.


para m. y su ventana, donde se escucha el mar,

1.5.08

En el lecho verde de tus ríos


Me entibio al adormecer de la tarde
cuando las lluvias mecen los árboles
me sueño en el lento cabalgar
entre tus ramas,
en el lecho verde de tus ríos
nos sueño simples, diáfanos, puros
sobre la cálida bondad de la tierra



a razón de E.B. y todas sus selvas,

22.4.08

sol de abril




más enciende el encendedor que el místico cigarrillo
la carne y la yema de los dedos
la mirada la sonrisa el sin fin de palabras
al borde del mismo lecho,
.

5.4.08

nada más que tiempo



Tu foto
y esas ganas de decir
de gritarte
en medio de la calle
teatinos
o condell
amor
amor
amor
cuánto tiempo
hasta abrazarte

11.3.08

Corolario



La orfandad de la carne

.

2.3.08

Sin grandes anuncios




Hay un lugar en un edificio donde quisiera acariciar el pasamanos de madera gastado, sentarme en uno de sus escalones y esperar a que alguien pase, a que una persona, cualquier persona salga del ascensor y busque en sus bolsillos la llave para entrar. Hay un lugar y es una cama, una cama de otro en donde las palomas saben volar con los ojos cerrados, para luego dejarse caer como un piedrazo, un estallido en la vereda. Hay una mesa y una taza de té apenas tibio, masitas recién hechas y niños riendo y una ventana que da a un patio donde el jazmín se apodera de los muros circundantes. Hay un lugar en una esquina, llena de panfletos, de papeles pegados, como una idea sobre otra, un vestido arriba del abrigo y así, a la inversa de las cosas, un calzón por fuera y los zapatos pendiendo de una mano, antes que el semáforo cambie y todo sea otro pestañazo, otro explotar de luces y flashes deshechos en la vasta memoria.
Hay un lugar.

25.2.08

Siesta


Estas meditaciones todavía me mueven a asombro.
En la inquieta medianoche o en la calma del mediodía
T.S.Eliot


En el sueño yo era Amal. Íbamos a pie por el desierto. La ciudad más allá era una bola incandescente. Te veías triste, como si fueras a decir adiós. Entonces recobré la memoria de un sueño en otro sueño: yo era Amal e íbamos a pie por la ciudad. El desierto a lo lejos una bola de fuego cristalina. Por tu mejilla se deslizaba una lágrima. Un avión pasó levantando una nube de arena. Un insecto azul se escondió tras una piedra. Inútil decir palabra, la arena hervía en mi boca. "No consigo cortar este hilo que me ata", dijiste. No te volví a ver. Desperté. Seguía siendo Amal y no pude acordarme de tu rostro.

16.2.08

imagina si esto




imagina si esto
si un día esto
un día feliz
imagina
si un día
un día feliz esto
se acabara
imagina

S. Beckett, Letanías


.


10.2.08

River, river carry me on,









.

6.2.08

puerto octay summer

Fields of fire that passed the train
The sky is victorious but here comes the rain
Friday is taking me home again,
And I've nothing but you on my mind.

Grass is greener without the pain,
I think that I'm changing but I'm just the same
My sun is a ascending again
And I've nothing but you on my mind

Sometimes I feel like I'm glad to be free,
Sometimes I still want your arms around me
Sometimes I'm glad to have left you behind,
The Crazy English Summer has put you back on my mind.
Life's a riot a lover a friend,
Pity the day that it has to end
Friday come speed me home again,
I've nothing but you on my Mind.

Sometimes I feel like i'm fine on my own,
Fifty Thousand miles from home.
Sometimes I'm weak and the past is my guide,
Summer returns and puts you back on my mind

4.2.08

K A Y A



Se echa a mi lado con lentitud, como si nos conociéramos de siempre. Contemplo la ida del sol, digo, mirándola a los ojos , unos ojos pequeños y achinados, que poseen la magnífica vastedad de cuanto admiro. Pone una de sus patas sobre mi pierna y se acomoda, asintiendo con relajada intuición el inicio de la pequeña ceremonia. En el silencio de la tarde , cuando algunos insectos van a refugiarse y otros salen en busca de las luces, en el aéreo y oscuro espacio que amenaza con dulzura nuestras cabezas, permanecemos juntas, unidas por el origen de una palabra antigua que retoma fuerza y crece entre nuestras células, que son iguales, que finalmente , a la espera del crepúsculo tardío, iremos a dormir para adentrarnos en múltiples sueños, el paisaje inmenso que no acaba y en sí mismo es sólo un punto, suspendido en el pausado correr de la vida.

1.2.08

A la noche siguiente no sabía en donde estaba, no sentía el frío. A ras del suelo el viento le metía el polvo en la boca mientras cantaba.

P. Bowles

12.1.08

Vitrinas

La telaraña es un lámpara y te ilumina mocosa, te hace grande en esa figura de niña boba, esa tenue apretada de dientes cuando cruzas con la bandejita de los cafés y yo ahí sentado te miro las piernas a ver, si de una vez me dejas curiosear esa curvatura oculta , empinada y tibia que implora descubrirla otra mañana. La pared es tu biombo, la pantalla de cine del burdel en donde sueñas estrenarte, y ahí yo sentado, otra vez como en la plaza, divago en sueños como nubes eléctricas sobre mis hombros, que tomo tu mano, diez años atrás, cuando apenas deletreabas con gracia una oración de un versículo extraviado en una villa de muros viejos y rejas oxidadas.

Fórmulas.


Me desnudo al ritmo de esa canción. Desciendo por el camino que aprendí a reconocer en la penumbra sólo con la luz de los faroles. Busco ese aroma perdido entre mis ropas. Acaricio con las piernas el borde de la cama, y el reflejo que ilumina mi sonrisa es la hoja del cuchillo que perfora la orfandad de esta propia carne.
...tu casa
arde mientras duermes,
el mundo grita mientras reflexionas, los hornos gimen con las
bocas abiertas
agobiados por una ceniza que lacera tu frente perpleja, y flota
hacia el suelo verde
donde un millón de briznas se consumen para hacer una pradera.
"

Mirko Lauer, Sobrevivir

26.12.07

Sick of Goodby's


Venías de pronto como esa poesía de Rojas, vacilante por el pasillo a medio iluminar. Venías con toda esa sabiduría que te han dado los años y tan quieta y olorosa con ese perfume de siempre que a ratos huelo entre las manos, y es curioso, pero a veces no puedo recordarlo y quién sabe, esa tontera de embotellarlo para dejarme envolver por él cuando se me diera la gana, ya sonaba tan lejano. No parecías la misma ahí, detenida en el umbral. Sólo quería abrazarte y dejar que tu pelo me tapara la nariz, se metiera en mis ojos, en la garganta hasta el final, que me impidiera respirar para así hundirme en el ahogo y pensar en nada sino en la muerte, en esa pérdida de conocimiento de la que me he hecho adicto. La ciudad afuera grita tu nombre y yo no dejo de pensarte bajo mi pelvis con la boca en tu nuca murmurando guarradas, las que me atrevo a decir perdido en el silencio, entre tus pechos, tus piernas tan abiertas solo para mi La iluminación del estacionamiento convirtiéndonos en sombras , blancos y negros apenas definidos. Mis manos que se van solas donde no quieres sentir pero sí quieres, pero urgente quieres y gimes y no paras de rogarme, que embista, arda. Tu rímel un desastre, un agua sucia sobre tu cara y te digo puta puta y terminas llorando sobre mi hombro, entonces te dejo con delicadeza y acaricio ese pelo que ya no está enredándose en todo. Bajo el volumen de la música, cierro las cortinas y me voy a la terraza a fumar un cigarrillo. Antes, te ofrezco un vaso de agua y no quieres, sólo deseas irte y buscas a tientas, tu ropa entre todas mis cosas.

fotografía, Robert Frank
KALLFUMALEN

Estás lejos, y eres la visión ,la sombra
Que veo como a las ramas de un árbol
En una noche de invierno.
Los treiles me están diciendo que vuelves
Espero mientras respiro el olor de la vela recién apagada.
Si vienes, me digo te ofreceré
Al salir el sol, mis cantos y metawes
Te daré un vestido hermoso
Recogeré para ti flores de las que crecen junto al agua.
Pero eres la visión , la sombra y estoy solo:
Los treiles se van perseguidos por granizos
En vano las ramas del árbol intentan
Espantar al invierno
Y en mi garganta se quedaron las palabras
Que nunca dije.


Elicura Chihuailaf

15.12.07

fábulas



esa ropa colgada como si fuera yo sostenida por un cordel y que el viento y el sol y los bichos se posen en todo lo que pende sin la preocupación la desdicha sólo el gozo de la eterna deriva

fotografía , Bill Brandt

30.11.07

anómala


La oscuridad avanza y la absorbe en espiral. Las voces a su paso ascienden por debajo de la falda. Lenguas barbáricas la profanan sin llegar a poseerla. La cebra, ansiosa por correr se detiene en un muro de aguas. Fluye como un hilo que no acaba hasta la próxima esquina. Una boca de lobo por el cuello se hunde en estertores. Incesante cabalgar de la carne.

21.11.07

atmósferas

Tose. Sólo para emitir un sonido que rompa el silencio, para no sentirse tan solo. Repara en la mancha negra que ha crecido en una de las paredes, junto a la cocina. Es la humedad, piensa, y cuando respira, un poco de vapor se va en ese aire y supone que, dentro suyo, una mancha igualmente oscura ha ido extendiéndose, con lentitud, en cada una de las células que, a ratos, le parece, hilvanan el resto de su cuerpo.




(yo creía a los cinco que los átomos eran esos puntos que se mueven a través de la luz, yo pensaba que en mi mano atrapaba miles y los mantenía guardados en el bolsillo sintiéndome feliz, hasta que entendí, era sólo polvo en suspensión y nada más que eso, pero ahí tenía yo mi tesoro bien guardado, polvo de estrellas en la punta de los dedos)

19.11.07

patrimonio

Cazadora de sueños (IV)

Paseo por la casa en ruinas
busco algún abrigo para mi padre
me ofrecen uno lleno de agujeros
tan rojo como las puertas que acabo de pintar
que no son rojas -alguien me aclara-
sino burdeos o granate o corinto
cómo voy a abrigar a mi padre
con ese abrigo lleno de agujeros y de ese color
miseria la que albergamos
le digo a los ojos negros de mi hermana
suplicante ella repite no hay otro
éstos son los tiempos que habitamos
sigo buscando dentro del burdel
un abrigo para mi padre que ya está viejo
cuyos ojos con ese tinte de mar
perdurarán más allá de su muerte.

Zulema Moret


(bajo las escaleras corriendo porque los garbanzos adentro de la olla hacen ese ruido de barco a vapor y pienso que estabas solo y en el suelo y nadie ahí para ayudarte -aunque en los últimos 50 años digas que no necesitas a nadie- en una pieza con una ventana que da no al patio ni a un jardín sino a un pasillo atestado de cajas y una parra afuera distraída -qué sabe de nosotros de ti de tus largas caminatas de antes tus alegrías tus iras en nuestra contra- te regala unos frutos que tampoco puedes llevarte a la boca y aquí sentada al pie de la escalera sin zapatos sin nada de nada cuando allá una mujer le grita a sus hijos y es revivir y revivir -siempre en un peldaño esperando que la hora de una vez pase - lloro y la olla en la cocina cascabelea un sonido de muelles abriéndose de mares que no se pueden navegar)


9.11.07

Al - yibab



Todo se ve blanco, de uno de esos blancos que solo podría distinguir un esquimal. O tal vez no es blanco, porque la arena, que está en todas partes (aunque digas que es sólo tierra y polvo), tiene ese color raro, como de huesos molidos. Se me pega a la túnica, la muerdo entre los dientes, la sacudo entre las sábanas de nuestra cama. El canto a esta hora se oye más bonito, quizá es que me acostumbro a esas raras melodías, como salidas de la boca del estómago de un doliente al que le pesa su historia, cargada de íconos, enjambres de vínculos e imagenes épicas. Te pierdes, dices que vas por agua mineral y ya no te veo. Me quedo de pie y dejo que la gente pase a mi alrededor y apenas me roce con sus ropas. Soy un trozo de esa mujer que espera a Jesús y se aferra a esa idea loca de querer sanarse con una leve caricia. Un puente se forma entre la gente y quisiera cerrar los ojos y no verlos, o tal vez, como en esa fantasía que te conté la otra noche, desnudarme aquí, en medio de la calle tan áspera y dejar que todas estas manos extrañas y oscuras , arañadas por el sol, me arranquen uno de esos cantos que suenan por los altoparlantes, que todo el mundo venga y me toque, me sienta, cómo me deslizo sobre este suelo sagrado y me revuelco, como un animal, en su propio charco de deseos, apetitos voraces, sentires guardados. Apareces de pronto, con esa lentitud que te caracteriza, la sonrisa leve y nítida (aprendo a reconocerte, entre la multitud que permanece). El tiempo empieza a correr nuevamente, la ciudad allá abajo se hace uno con el sol, incandescente alumbra y reseca las pieles , abiertas, a esta hora de la tarde.

(a propósito de )

5.11.07

Una cosa menos.


Alcanza los cigarrillos y en un largo movimiento deja caer el cuerpo sobre el sofá. Las fotografías en el lugar de siempre, el florero vacío, las piedras de colores compradas en Brasil hace cinco años. El humo se eleva perdiéndose entre las lágrimas de la lámpara, que cuelga, graciosa como una bailarina. Recostado, levanta las piernas como si intentara alcanzar uno de los cristales con los dedos de los pies. Acrobacias no, piensa, ya no hacemos acrobacias, ya no nos paramos de cabeza, ya no hacemos el loco. De pronto sube un monólogo venido del balcón del tercer piso. Estoy sola, ¿querís venir? Ya po, ven, no te hagai de rogar, él no llegará hasta mañana, ven, o perdís pa siempre. Se acercó al balcón para escuchar más de cerca, pero la mujer entró al departamento, su voz se fue diluyendo en el espacio desierto hasta no oirse más que una puerta, el tintineo de unas llaves sobre la mesa. Apagó el cigarrillo y se detuvo frente a la pared de las fotografías. Ahí estaban. Él, Claudia, la pareja de españoles, la barca detenida en las aguas de Maraú. Vuelve al sofá, unos pasos en el corredor se silencian detrás de la puerta, seguramente ante el letrero de “se vende”, escrito a mano, al mismo pulso de su propio y nuevo desalojo.

25.10.07

punto aparte




ábrala en dos
en cinco si quiere
arda en su extremo
y libérela del caos
de esa malformación que le provoca
el alma
ese lunar de nácar
que a su antojo la desdobla


.

22.10.07

todas las mañanas del mundo



Tuve una visión.
Andaba por el campo y recogía frutillas.
Llevaba un tarro de latón y las echaba ahí con cuidado, una delicadeza para no desarmarlas.
Me sentaba en un rinconcito, un peladero sin un brillo pero a mi me pareció un lugar lindo, me daba descanso y eso era bueno para mi.
Antes de comerlas las quedé mirando un buen rato.
Tan redondas, como un corazoncito, una pequeñez tan bonita , una belleza en la palma de mi mano, entre los dedos.
Hojtas verdes, perfectas como si las hubieran dibujado, y seguí con mi propia mano y mi brazo y me recorrí entera.
Me sentí hermosa, con todos esos vasitos sanguíneos como ríos , atarantados, tan apurados por vivir como si ya mañana no fuéramos a despertar.
Tuve una visión, dije.
Pero los árboles tan quietos y solemnes ahí en mi jardín no dijeron palabra, silenciosos, apenas meciéndose , a su manera sonrieron.

14.10.07

migraciones



Has vuelto a escribir con lápiz, los dedos empapados de tinta, haciéndola bailar sobre la blanca sábana para decir, para impregnarte de fotografías, traer de vuelta, hacer el regreso de un tiempo que rebota en un espejo donde sólo tú te reflejas. Corres el riesgo, lo sabes, de no comprender más tarde ninguno de los signos allí tendidos, desnudos en la piel, en los ojos, los oídos, enhebrándose en el pelo que crece y se enreda otra vez a esa manera antigua del vivir. Corres el riesgo de no recordar las imagenes contenidas como pájaros, cabecita loca, y no importa, sólo el hecho, inenarrable, del lápiz entre los dedos dejándose caer, haciendo lo suyo en esa mano que toma, recorre, migra,

despierto,
un poemario me distrae del mundo,
un observatorio en la yema de los dedos,

10.10.07

Del lado de allá,

Ah, se já perdemos a noção da hora
se juntos já jogamos tudo fora
me conta agora como hei de partir
(eu te amo, chico buarque)


Alcanzas sus ojos en los tuyos Mariana como queriendo recorrerlo desde adentro, ser un aire dices y entrar en sus pulmones y ahuyentar así esa melancolía que arrastras , atávico mal que se pega al cuerpo , curioso imprescindible para decir y moverte intensamente en extremos del tiempo, de una hora de un reloj que anuncia inevitable palabras que te levantan tan a tu pesar. Calle. Zapatos. Madrugada. Partida que arranca tus piernas y deja tu corazón ahí tendido, un desparramo de ti misma en otra piel que respira y esos ojos nuevamente que son, para decirte, un mar tibio al que te abrazas.

30.9.07

pellejerías



no era la soledad

de estar en un silencio
como aislado de los trópicos
era simplemente
que mis pies
no sabían
el camino hasta tu casa




.

28.9.07

y no se duerme. la noche anterior
entre sus piernas, atrapada en un capullo,
la crisálida tibia late y respira un centenar de ays,
de quieros, de apriétames. la desnudez
contrasta y su perfil recortado en diapositiva
cuando se levanta para buscar algo,
una ventana que mira a la cordillera
y se inunda de una luz, dice,
un rebote que lo asalta a ratos en el día.
entonces quien va a dormir en esta línea que se eleva
y desciende como un dibujo infantil
de mares y quillas que rompen y abren,
salpican la playa y los pies bajo las sábanas se tocan,
nadan en búsqueda de una misma orilla.
pierde coherencia y su tranco que es un atarante
se enreda en de él, lento y cadencioso,
cae k.o. sobre su almohada.

24.9.07

cantación que mima

Y aquí,
ya no hay revoltijo
ni penurias
un calorcito entra
y desparrama
agita
enciende
a vivo fuego
esta
(su)
pelusita estrafalaria

21.9.07

Bolita guacha.

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Ella me decía la Chirigua. Ni siquiera cabra o pendeja. Ella me decía así porque no me quería. Porque cuando se quedó gorda de mi (nunca habló de estar embarazada, siempre dijo, cuando me quedé gorda de ti) el lacho que tenía la dejó por una sin guata, por una que lo iba a esperar a la esquina con la falda corta y el taco alto, bien pasá a perfume, para embolinarle la perdiz, para que el tonto, porque era un tonto, si hasta yo lo supe y no nacía todavía, le dijera cuestiones por el cuello, que era rica y la más linda, y luego se anduviera paseando enfrente de ella, la guatona, para sacarle pica, para que la guatona viera que era una bruta lesa que la había embarrado, que ya ni falda ni taco se podía poner, porque la tremenda pelota va creciendo y todos se enteran y nadie te mira bien, y no te dan ganas de salir, para que todos digan, ahí va la gorda, por caliente le pasa, para que todos digan, ahí va la guacha a comprar el pan llena de moretones y costras en las rodillas que ni padre ni madre tiene, porque la dejan botá y cierran la puerta con una tranca por fuera para que no salga, para que no vea la gente ni se le haga agua la boca ir a correr a pata pelá con los otros en medio de la calle.

8.9.07

Hecho

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2.9.07

Por viaje al interior:

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Vendo cama 2 plazas poco uso, gran perfomance masturbatorio, fabricada con maderas nobles y reconstituídas, pensada en una conciencia medioambiental de avanzada, no requiere mantención ni lustramuebles, inductora de sueños eróticos altamente placenteros, juguetona y comprensiva, alma de madre y casquivana, la mejor dupla para cualquier desviado sexual sin diagnóstico o tratamiento , ideal para recreaciones suburbanas y campestres de gran complejidad, acogedora, postmoderna y desprejuiciada , evocadora de una creatividad inigualable, fiel y desinteresada compañera, doy fe.

14.8.07

Entre tú y yo

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Alcanza un palito del suelo y hace como que escribe en la tierra. La chasquilla le cae sobre los ojos, con la otra mano la sacude, mientras los demás niños juegan a la pelota en medio de la plaza. Sentado en una saliente de concreto, las piernas estiradas sobre el suelo y la mirada huidiza en el codiciado balón. Sería lindo ir y revolcarse en el pasto, sería bueno lanzarse entre los dos petizos y el más grande, sentirlos golpear sus manos al ritmo de un five de película luego de un pase formidable. Pero Marco ahí, no va a levantarse. La cama de la madre se abre en su cabeza cobijándolo silenciosa. La respiración es suave, tan suave que Marco a ratos piensa que realmente no lo hará más. Que va a detenerse, antes de lo pronosticado. Sopla un vientecillo húmedo en la plaza, una lluvia se anuncia desde lejos. Marco observa sus zapatos llenos de tierra. Piensa en los granitos que van a ir cayendo a medida que de el paso, desde ese punto hasta la casa, unas cuadras más allá. El antejardín, la escalera, los zapatos de ella guardados en el closet hace tanto. Entonces se va. En medio de los juegos, nadie repara en su partida.

foto, S. Larbalestier

9.8.07

modus operandis

Desearías que te cabalgara
desnuda sobre tu pelvis
la ventana abierta y la noche
entrando oscuramente,
configurar un mundo excéntrico
replegarse en uno mismo y horadarla
obligarla a gritar los sonidos de las putas
abrirla en el aire de un quejido
y olvidarte, excluirte en ese cielo
que ahí se construyó, verterla
en un sólo vocablo y conjugarla,
despacio integrarse en remolino
agudo sable que al final,
corta, zanja la vorágine
que termina por volverse olvido
y de ahí hasta nunca, si te acuerdas.

6.8.07

City tour.

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Y nada de eso importa. El resignado/ejercicio del verso no te salva,
JLB



Creo que era cerca del estadio en el barrio de la Boca. Un bulto , parecido al cuerpo de un ser humano se ocultaba bajo las frazadas. Era una cama, sí, una cama en plena vereda, al llegar a una esquina, pasamos rápido y no pude retener el nombre. Más allá todo pintado de color, intentando calentar el ambiente, los 3 grados a las 1030 de la mañana, viernes 3. El agua del puerto es negra, 100% poluta dice alguien por ahí. Una mujer con facha tanguera se toma fotografías con los turistas y yo, haciéndome que no, sentada en una banca cigarrillo en mano, resbalando la bota sobre Caminito, trato de hilvanar una idea concreta de todo lo que me ha pasado por el pellejo y no, no consigo enrollar la madeja, no logro sacarme de la cabeza a ese hombre o mujer, ahí, en total desprotección, y tal vez sumergido en lo único posible, un sueño, una ficción que es lo más parecido al calor, a la calidez temprana de donde venimos hace tanto y jamás, jamás regresaremos.

31.7.07

Déjà vu

"En principio, uno no entiende del todo el vislumbre, creyendo que el inquieto instinto es el que no permite ver sino lo poco corriente, lo confuso, lo temible. Luego, de repente, se ve o se cree ver, no lejos, un no se qué que te seduce, que se te impone, que te estremece. Entonces todo se pudre. Uno se sorprende, tiene miedo, el intelecto se oscurece. Sufres un dolor terco, sordo. El espectro entrevisto te embrutece sin remedio."

página 44, El secuestro, Georges Perec.

25.7.07

Amapola, lindísima Amapola

Mientras viajábamos en el bus, todas las imágenes de tu figura se me venían encima, una tras otra, una sucesión de postales que entibiaban el largo y frío trayecto hasta el hospital. Quería retroceder y declararme incapaz de seguir avanzando, acercándome cada vez más al punto en donde me encontraría con tu cuerpo inerte, envuelto en una sábana. Mi madre cada cierto rato hablaba de ti, con una nostalgia adormecida por los medicamentos, sutil y ligera, como una pluma sobre la frente. Sentada junto a la ventanilla, recordé las mil veces que al lado de tu cama, escuchaba con atención todas las historias, canciones y rimas que sabías de memoria, tu ropero de madera, inmenso para perderse buscando un vestido, encajes, un género traído de otro tiempo, otro mundo. Tus dedos en el merengue, los empolvados, el azúcar flor sobre el mesón, festines en tu minúscula cocina, no como la de antes allá en el norte, antes que todo se perdiera, una vez más, las pérdidas acumulándose como el polvo sobre los muebles, como las hojas en la casa que ya no es tuya, que ya no es de nadie y la palabra integridad, que revolotea persistente por estos días, esa que tú tenías de sobra e intentamos heredar a costa de múltiples caídas. A ratos mi madre parecía derrumbarse y, entre las oscuras paredes de la oficina de una asistente social, entendí que debía contener toda la pena que crecía inagotable. Más tarde, 800 kms. al sur, en una pieza enorme de grandes ventanales, donde la lluvia y el viento no dejaban de golpear como si quisieran entrar y hacerse parte, lloraba tu muerte sola, hasta el amanecer, con la absurda esperanza de volver a verte, en sueños al menos para decir, para agradecerte todo el amor que siempre estuvo ahí, en medio de tu abrazo.

9.7.07

La vaga idea de sentir

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Luego del trabajo vas a ese café en Lastarria. Te sientas en la misma mesa de la última vez, dejándote caer como si eso aliviara de alguna forma todo ese ahogo que ha venido desarmándote de a poco. Miras los libros en las repisas, el poeta con la mano en alto sigue ahí para recordarte, para ayudar a construir esa imagen que permanece gravitando en tu cabeza y en medio de tu corazón. Te sorprende la futilidad del momento. Estar ahí no ayuda en nada y, a pesar de tenerlo claro, has ido, quien sabe para qué, quizá, recobrar algo del efímero calor que alguna vez llenó el vacío que crecía insoslayable y amenazaba con abarcarlo todo. Entonces, abres el libro de turno y lees, sumergiéndote en un desierto que aumenta y a la vez, apacigua la ansiedad porque ese tiempo presente no acabe, prolongándose en una medida inexistente. Hasta que llega la hora de partir y sales a la calle, arrojándote en un abandono imposible de evadir. Caminas. El cielo allá arriba parece querer cobijarte y, sin embargo, no puede, no logra protegerte.

2.7.07

Viajes

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Recuerdo tan bien a esa mujer como si ahora mismo apareciera por la puerta. Se subió una estación después de Once. Yo acariciaba mi boleto de cartón, de vez en cuando lo giraba y repasaba sus costados enterrándome las esquinas en las yemas de los dedos. La mujer se me quedó grabada al instante. Al entrar al pasillo ni siquiera me miró, sólo observó la banca del frente desocupada y tomó asiento. Murmuró un "permiso" débil, dicho para adentro, como si sólo a ella le bastara escucharlo. De inmediato giró la cabeza hacia la ventanilla. Las estaciones se sucedieron una tras otra y no podía dejar de observarla. Era una mujer marcada por la tristeza y el abandono. Tenía los ojos enrojecidos como si hubiera llorado. Cada cierto rato se quedaba mirando hacia la nada y me pareció sentir un frío atravesándome cuando sin querer pasaba su vista sobre mi cara. Hubiera deseado ver mi rostro en ese momento, ¿qué expresión tendría?, esperaba no demostrar nada, no quería que la mujer advirtiera que me producía algo su presencia, aunque ya era tarde, más bien inevitable. Ahora, era la sala de espera de un médico y el boleto de cartón, la protuberancia que ha crecido en medio de mi cuello. La toco con temor y a ratos dejo los dedos allí, casi asegurándome que esa parte es tan mía como mis propias manos u ojos. Siento frío a pesar de la calefacción, a pesar de la mirada benefactora de una mujer mayor sentada en el otro extremo. Cierro los ojos y me dejo caer sobre el respaldo del incómodo sofá, e imagino que voy en el tren, que las estaciones me conducen hasta ese barrio en Buenos Aires cuando tenía 15 y todo estaba hacia adelante, todo el tiempo caía como un rayo de sol, perpendicular sobre mi cabeza, amarillo y cálido. Atravieso la Avenida San Martín y siento el calor un agradable peso sobre la espalda, hasta que dicen mi nombre, desde lejos, me llaman, igualmente fuera una niña y me desprendieran de la mano de mi madre, cruzo un umbral del que nada sé, al que temo desde antes de nombrarlo.

19.6.07

Gestos

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para B,

Una mujer y su hijo, abrazados en la cama, esperan que el medicamento haga efecto y la fiebre que los aflige a ambos, retroceda de una vez. El niño se apega al cuerpo tibio que lo rodea como una manta. Ella, le acaricia la cabeza, pasando los dedos entre el pelo ensortijado. "Estar enfermo es como estar triste, dice el pequeño, se parecen porque en las dos cosas dan ganas de ser invisible". La mujer lo abraza con más fuerza y lo besa en la frente, le pide que duerma, "sueña algo lindo, agrega, sueña que vamos por el campo y rodamos en el pasto". Al cabo de un rato, el pequeño lleva la palma de su mano sobre la frente de la madre. "Qué bueno, exclama, ya no tienes fiebre", luego, tapa los hombros de la mujer con la sábana. La mujer se siente traspasada por ese delicado gesto, como si a lo largo de su vida hubiera esperado por él. El niño le regala ese momento y ella sabe, jamás lo olvidará. Quisiera decir algo, susurrar en el oído de su hijo una palabra maravillosa atrapada de la nada, entonces piensa que no existe palabra que represente la belleza de ese instante, y se queda dormida, sintiendo que en la quietud que los envuelve ya se ha inventado una palabra, una bellísima palabra.

4.6.07

Algo importante.

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Esta noche toca Joshua Redman en el Fleur de Lys. Iremos los de siempre, F., P. J. y yo. Entonces llega F. antes que todos y dice: “debo conversar contigo, hay algo importante que debes saber”. F. entra enfundado en una chaqueta de cuero nueva, café tabaco, “muy ondero”le digo, "te ves muy bien". "Gracias, tú también te ves linda". F. siempre me ha parecido un tipo excepcional, muy callado, dice lo justo y necesario, no trata de sobresalir, tan piola. Demasiado perfecto, ha dicho J., a quien F. le da exactamente en donde a J. le dan los tipos como F. Esos con quien desde el principio sabe, a pesar de todo su encanto, no puede competir. Sin embargo mantienen esa amistad de años, desde la universidad. Cada uno acepta los defectos del otro en forma tácita, como si fueran dos hermanos, los que no se pueden separar porque hay algo más profundo que los une. Ese hilo es una historia familiar muy parecida. Padre ausente, madre extra esforzada que a punta de sacrificio logró sacarlos a flote y sin ambargo, en ese resultado perdió todo real contacto con ellos. P. siempre dice “que estos dos lo que necesitan es un padre, y yo no voy a dármelas de papacito ni a presentarles uno”, P. está enamorada de F.y en su voz hay una esperanza remota de encontrar su corazón. Los comentarios de P. me dan risa pero en el fondo no sé si estará equivocada. Luego vamos a la cocina y F. deja su chaqueta nueva en una silla. Saca los cigarrillos y me ofrece uno. "Me gustas mucho", dice, a título de nada con la voz temblorosa. Como si hubiera practicado un buen rato, la frase me pareció teñida de cierta frialdad. Sonrío y le pregunto si es un chiste. Dice que no, que no es chiste, que le gusto demasiado y cree que es mejor que no nos veamos más. “No soporto verte con J., a pesar de ser uno de mis mejores amigos, te juro, sé que no es el hombre para tí...” “Déjame terminar”, dice, extendiendo su brazo y poniendo su mano sobre la mía. “Crees que quieres a J., pero es sólo por su historia, sí, claro, la mía es parecida pero yo soy diferente, J. cree que la vida le debe todo y hace y dice lo que quiere. Va por ahí sin filtro y dice cosas que te hacen doler y tú como si nada, absorbes igual te lo merecieras”. Permanezco en silencio. Retiro mi mano lentamente de la suya y apoyo mi espalda en la silla. Tras dos bocanadas de humo me levanto y apoyo en el borde del lavaplatos. F. está ahí, sigue sentado y baja la cabeza, cierra los ojos. Me conmueve esa fragilidad, esa capacidad de decir lo que siente sin temor a lo que yo pueda pensar. Me acerco y le acaricio la cabeza. Él toma mi mano y la besa. No decimos nada. Al rato suena el citófono. Son J. y P., se han juntado abajo en el ascensor, vienen subiendo. El Fleur de Lys está repleto. La banda comienza a tocar Jig-a-Jug, todos frenéticos siguen el ritmo con manos y pies. J. me guiña un ojo, F. mantiene la mirada fija en sus zapatos, P. observa a F. con el rabillo inundado de tristeza. La música se escucha soberanamente bien. Somos un puñado de infelices y la bendita boca de Joshua toca y toca hasta las dos de la mañana.

19.5.07

cuando uno imagina (que la realidad es otra cosa)

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como si abrieras un tajo en el aire
e intentaras vanamente,
respirar a través de él
a falta de mesa / buena es una caja de cartón / TB*A200BX /para escribir cuanta cosa uno quiera / por ejemplo /absurdos poemas /sobre carencia de mesas, camas / y otras leseras necesarias /y otras no tan leseras/ y más o menos necesarias / e igualmente absurdas.

13.5.07

Cancioncita

ay chica mona .voy a darte un beso y sacarte el labial chica mona. voy a destrozarte el vestido y lamerte las nalgas chica mona. voy amenazándote lentito chica mona. para hacerte un poquito polvo al polvo y todo lo demás. agua que va a correr sin mojar a nadie chica mona. sin sed que nos empape. sin sed.



2.5.07

Acróbata

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Sin sábanas
sin un colchón
Duerme tranquilo cono un lirón
Seco el corazón
Olor a gas, Los Tres

Julio está junto a la cama. Acaba de llegar. Su mujer duerme plácida, vuelta hacia un costado. Un pie desnudo asoma por entre las sábanas. La habitación está a oscuras y una tenue luz entra por el ventanal. Julio recorre la figura de su mujer, sin detenerse en ningún detalle. La va descubriendo con la mirada, pero no encuentra lo que busca. Esta noche no, murmura, como lo venía haciendo mientras viajaba por la autopista . La música fuerte, el vidrio abajo. Ningún aire frío lograría sacarle de la cabeza a esa mujer, esa que tenía atorada en la garganta. Ojalá y pudiera gritarlo. Extirparlo de una vez. Uno de los niños se despierta. Julio sube hasta la habitación infantil. Shh, shh, dice, mientras le pasa los dedos por el pelo con ternura. Se consuela a sí mismo a través de la caricia. El niño se queda dormido nuevamente. Julio arregla la ropa de cama y permanece bajo el umbral. Se figura una sombra más, proyectándose sobre la pared. Siente miedo. Por primera vez siente mucho miedo. Y si la perdiera. ¿Y si los perdiera?. No , eso no podría suceder. Junta la puerta y baja muy despacio. Se desviste y entra en la cama fría. Es un témpano que le va helando la piel y la cabeza. Recupera el aire que le cortaba la respiración , apenas hace unas cuántas horas. Mariana, la mujer del nombre que abarca su garganta, sentada frente a él, describiendo a duras penas lo que siente, por “ese cuerpo flaco tuyo que hace perder el sentido del volúmen, del espacio”. Él no hablaba, apenas podía mirarla a los ojos y sonreir, los labios resecos y las manos sudándole , una sobre otra. A ratos toma la carta y ojea el menú, bebe algo de vino. Tal vez, quién sabe si el alcohol logre sacarle alguna palabra que no hiera, que no haga sufrir. Mientras ella está ahí, enfrente de sus ojos, Julio piensa en el cuerpo que, a pocos kilómetros, se desliza envuelta en una bata, acuesta niños, bebe un vaso de agua antes de irse a acostar. Una chinita cae sobre la mesa. Mariana advierte tal cosa y se sorprende. El mozo, dándose cuenta hace el gesto de sacarla , pero Julio le pide que la deje. Para la suerte, comenta. Ambos se quedan observando al colorido insecto como dos niños en medio de un jardín. Un asombro ingenuo traído de vuelta, urgente y necesario. El artrópodo, al cabo de un rato da una vuelta de carnero, intentando sacar las alas.

23.4.07

abril, 2007

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Yo sé que estás lejos, que en tu cabeza hay tanto girando y girando que no existe espacio para más. Nuestra hija crece hermosa, como siempre imaginamos lo sería. Corre por los pasillos de la casa, tambaleándose, arrastrando siempre algún adorno del living. Si la vieras. Hace una pila con los libros. ¿Recuerdas todos esos que compramos antes de conocernos y juntamos desordenadamente en la pared del comedor? Ella se sienta arriba y apenas logra encaramarse en el último, exclama, ¡cielo, papá, papá!. Ella cree que vives allá, en medio de las nubes. Yo la tomo en brazos y asiento sin decir palabra y a veces lloro y me esfuerzo para que no se de cuenta. Yo sé que la amas, en la abstracción que creamos hace tanto tiempo, yo sé la abrazas por las mañanas antes de irte a trabajar. También sé, que al escuchar alguno de nuestros nombres llegamos hasta ti, y es probable que nos murmures e intentes, simplemente, recordar nuestras caras. Quizá habitemos en los pocos libros que llevaste o en los textos que te pedí alguna vez corrigieras, o en cierto disco, quién sabe. Yo la miro mientras se esconde entre los arbustos del jardín. Yo la amo mientras el tiempo vuela e intento absorberla como si fuera un rocío que se deja caer por la mañana. Nos empapa a los dos, aunque tú vivas allá, en esa distancia infinita que fue a acogerte mansamente, y canturrees ahora mismo esa canción que tocan por la radio.
Besos.

21.4.07

epígrafe

"-Cuando los muertos lloran, es señal de que empiezan a recuperarse- dijo el cuervo con solemnidad.
-Lamento contradecir a mi famoso amigo y colega- dijo el búho-, pero yo creo que cuando los muertos lloran es porque no quieren morir."

Collodi, Las aventuras de Pinocho,
epígrafe de El libro de la Memoria de P. Auster.

17.4.07

Terminal

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Hace rato que la señora X salió de su casa. A la señora X le encanta comprar flores en el terminal de la panamericana norte. En realidad, lo que a ella le gusta es dar vueltas por los puestos y admirar las flores amontonadas. Ella piensa que sería muy lindo tener un jarrón enorme lleno de flores en la entrada de la casa. Pero la casa de la señora X es una pieza, una mediagua comprada en el Hogar de Cristo. Todavía no tiene vidrios, sólo unos postigos de madera, y al cerrarlos, la dejan en completa oscuridad. Cuando se acuesta en su pequeña cama, cierra los ojos y descuelga los brazos sobre la cabeza, como si todo ya no estuviera lo suficientemente negro. Tal vez, la señora X lo hace para no ver siquiera las sombras que amenazan bailar en la pared. Tal vez lo hace para contener el llanto o no permitir a sus pensamientos salir convertidos en palabras o susurros, los que permanecerían flotando en el aire sin ser escuchados por alguien más. “Alguien más” es una abstracción que a la señora X ya no le preocupa. La soledad es una estructura en donde ella se ha acostumbrado a organizar su diario vivir, incluso por las noches. La señora X suele persignarse antes de dormir, aunque dice no profesar ninguna religión. Ella siente que debe creer en algo, si no, ya se hubiera vuelto loca. A veces entra a las iglesias en la hora de la misa, sólo para escuchar al sacerdote decir: “una palabra tuya, bastará para sanarme”, porque le parece una frase potente, más poderosa que el latir de su propio corazón, que en la quietud de su hogar escucha a ratos escondida bajo la almohada. Ella supone adolece de un mal terrible, y piensa que, indefectiblemente, no tiene remedio, que va morirse con la enfermad y quizá, a causa de ella. Se imagina sobre la cama, los brazos a los costados, tocando el suelo, una mueca extraña y dolorosa que hará parpadear a los primeros en encontrarla. Por eso no es raro ver a la señora X deambular por el terminal de flores, caminando largas cuadras, gastándose lo poco que lleva en los bolsillos, como si en ese gesto comprara una pizca de felicidad, y esa pizca le bastara.

12.4.07

equipaje liviano

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Un poco a la izquierda hay un señor, está quedándose dormido arriba de la banca. Tiene las manos sobre el estómago, a pesar del calor está vestido con ropa oscura y pesada. Miro a su alrededor, al nuestro, nadie se ve, ni un alma. Me pregunto si será la hora del almuerzo, yo no tengo hambre, me comí un plátano antes de salir, cuando la mamá miró el calendario del comedor, ese con algunos días marcados de rojo. Los rojos son venir a esta plaza, los otros, son en la casa, cuidando a la abuela, vigilando al tío Mario. Que no tome más de la cuenta. A veces hay que llamar al vecino para que se lo lleve. Pobre el tío, yo lo quiero harto. Salimos a caminar y siempre me cuenta historias, de su juventud, cuando pasaban vendiendo hielo en un gran cubo porque no existía refrigerador, cosas raras como esa. También vamos a la feria a cachurear entre radios y repuestos y siempre compra varias cosas chicas, cables y tubitos extraños, él dice que sirven pero mi mamá dice que no sirven para nada, que son sólo porquerías. A mi me da pena, pero yo creo que es porque ella está muy triste. (Ahora recuerdo que no te he ido a ver, que te enterramos y nos olvidamos de ti, que te hicimos un lulo y te tiramos al aire y ahí te quedaste suspendido, como un volantín desciendes un poco, pero siempre hay algo que conspira, ha de ser la vergüenza). Giro la cabeza para un lado, la mamá me mira y yo sé que tiene en la suya cosas que pasan como autos a toda velocidad, pone esa cara cuando algo le pasa, como si algo se la llevara lejos, me mira pero mira al señor que duerme, a los edificios que reflejan más edificios, al sol de plástico amarillo. En realidad, en esta plaza estamos solos, ella y yo. Esta plaza es como el mundo.

foto de Robert Capa